El montaje de 三枝橘制作 Thèâtre des trois oranges (“Teatro de las tres naranjas”), 东宫西宫 "Palacio del este, palacio del oeste", en enero de 2009 en Beijing, trajo consigo una común actitud dentro de los representantes del gobierno chino, la censura.
China tiene y siempre ha tenido una política cultural focalizada en mantener lo que ha llamado durante siglos “la salud y armonía del pueblo chino”; por más que esas vagas palabras hayan sido interpretadas de formas muy distintas en sus cacareados 5000 años de civilización, lo que es cierto es que los artistas chinos jamás han gozado de una libertad creativa sino hasta que han salido de su país (desde mediados del siglo XX). Así que quien decide ser un creador en la China continental debe entonces atenerse a las consecuencias y actuar acorde; ejemplos de ello son las notas e historias, algunas dolorosas, de decenas de escritores y directores de cine, que a partir de alguna obra creada el gobierno chino ha reaccionado censurando y prohibiendo al artista seguir creando o presentando su creación por dos, tres o diez años (en otros tiempos la cárcel o incluso la vida), debido a que considera que la pieza de arte en cuestión es un acto en detrimento de la imagen china o de los chinos en el extranjero y/o atenta contra la salud y la armonía del pueblo chino.
El día del reestreno (la obra fue estrenada en la versión de esta compañía en 2006) de 东宫西宫 "Palacio del este, palacio del oeste”, se dió una confusión entre las personas que habíamos sido invitadas; en el teatro decían (si uno hablaba por teléfono o preguntaba en el lugar) que la obra no sería presentada o que no estaba en el calendario y que esa noche se representaría 火车带我去哪里, que se traduciría en algo así como "¿A dónde me lleva el tren?", otra obra china. Ante la extrañeza del acto, me decidí corroborar con Xavier Froment, el director del montaje y de la compañía, y en una frase amable dentro de un mensaje de texto desde su teléfono móvil nos aclaraba que la obra iba a ser representada ese día como estaba planeado pero sin el nombre real, los censores (Xavier les llama "el gobierno") habían decidido que no era un tema apropiado y la pieza no debía estar en archivo como “en función”. Así que la función tuvo lugar en el teatro indicado pero con otro nombre (lo que no me aclaró si eso apaciguaba la orden de los representantes del gobierno o sólo se les ocultaba el acto). Lo que sí es claro es que al llegar se nos vendían los boletos, que sí tenían el nombre real de la pieza, y se nos quitaban inmediatamente para que no quedara ningun rastro de esa representación
(1). Las fotos siguientes muestran algo de esa confusión.东宫西宫 "Palacio del este, palacio del oeste” es una pieza escrita por el dramaturgo Wang Xiaobo en los años 90 del siglo pasado, y habla sobre una relación sadomasoquista homosexual entre un policía y un hombre que busca sexo en los baños de los parques aledaños a la plaza Tian’anmen. La pieza se hizo famosa a través de una película del mismo nombre (1996) y que le provocó a su director un encierro domiciliario además de la prohibición creativa durante algunos años por parte del gobierno chino
(2). No tengo claro si la versión de Trois oranges está basada en el film o el en texto original de Wang Xiaobo.
Tengo entendido que los censores no visitan los montajes antes de leer una sinopsis del montaje o la pieza a poner en escena; en este caso ellos no necesitaban nada más que saber el nombre de la obra y reconocerla dentro de su lista de obras prohibidas; sin embargo por cuestiones burocráticas o simple desidia debieron hacerlo hasta el último momento o quisieron lavarse las manos proponiendo el cambio de nombre de obra al teatro.
Fotografías de 东宫西宫 "Palacio del este, palacio del oeste” (Pekín. Enero, 2009)
Nota: si tienes algún problema en ver bien ésta serie de diapositivas, haz link en el recuadro y te llevará a la página de Picasa.com en donde están las fotos.
东宫西宫 "Palacio del este, palacio del oeste” es un montaje interesante y valiente en el contexto del teatro chino actual (y con la historia de la película que tiene detrás de sí); no hay desnudos pero hay escenas claras de sexo entre hombres y toda una coreografía sadomasoquista homosexual muy evidente; los textos son claros e incluso duros en cuanto a las palabras y las frases utilizadas, conteniendo mucho slang pekinés usado entre homosexuales. Al director, Xavier Froment, le reconozco ya una característica en la actuación de sus actores: una aparente pasividad corporal, como evitando el tradicional exceso de la actuación realista china; sus actores pareciera se mueven en una muy definida coreografía, teniendo en la mayor parte del tiempo claras y concretas tareas escénicas a realizar, evitando así cualquier juego de improvisación. Las imágenes en escena, otra punto crucial en Froment, necesitan de una gran preparación en la escena misma, y cuando llegan a definirse, en su climax, muestran una fuerza y una penetración total en el espectador. Puedo recordar que en un intercambio de frases por casi cinco minutos, el policía (actuado por Kang Luqi) se dedica a amarrar con un gran lazo a su contraparte, pero esa accción no tiene relación directa con el texto dicho, sólo hasta el final, en un momento violento de texto y emoción la preparación adquiere sentido (podrán ver las imágenes tanto en el video como en las fotografías expuestas). La escena final nos lleva a la pasión desatada en el policía; él, que no había aceptado el juego autodestructivo y seductor del hombre de los baños, explota y literalmente viola al hombre hasta la saciedad.
A través de mis años viviendo en China he aprendido que aún cuando no esté escrito en una ley hay decenas de prohibiciones en la escena china: está prohibido el sexo explícito, los desnudos, las palabras altisonantes, los temas religiosos, los temas políticos, mencionar al gobierno actual, tratar temas sociales, tratar en general temas de actualidad, los temas escandalosos, y varios etcéteras que quieran sumar. He aprendido que es mejor montar piezas aceptadas en la lista (que nadie conoce de bien a bien), y que en general son las llamadas clásicas antes que montar o crear cualquier nueva obra; he aprendido también que el teatro en la calle no existe en su sentido moderno, no hay, y simplemente no se hace; he aprendido que en el arte vale esperarse todo y dedicarse al juego de las adivinanzas de qué es lo aceptado o no, de cuál es la tendencia y cuál no, de cuál es el futuro que quiero y cuál el que no quiero ni para mí ni para mi familia o incluso amigos y compañeros de trabajo. Las venganzas de los "atentados" a la salud y la armonía del pueblo chino pueden ser devastadoras en la vida creativa y biológica de cualquier artista chino.
Recuerdo haber sido testigo de varios actos de este tipo. Apenas llegando a Pekín en 2005 fue suspendida la muestra de cine lesbico-gay que se realizaba en la zona industrial-artística de Dashanzi 798, entonces aún una zona de arte alternativo; en 2007, se suspendió una feria-encuentro de practicantes del Tatoo Art cuando ya llevaba un día, debido al éxito que había tenido y a la difusión en los medios mostrando demasiada gente fuera de lo normal en un espacio cultural chino, el pretexto fue que el recinto no soportaba la cantidad de gente; en 2006 y 2007 fueron suspendidos por la policía dos eventos performativos, un grupo de jóvenes que buscaba sorprender a la gente en la calle dándole abrazos de cariño, y un grupo de danza irlandés que tenía planeado hacer una improvisación en la calle comercial de Wangfujing.
El caso que me es más cercano porque incluyó a un artista mexicano, fue durante la
Bienal de Arte de Beijing, donde había incluídos varios artistas mexicanos (omito nombres); uno de ellos fue obligado a borrar parte de su obra o de no hacerlo ser expulsado de la bienal y del país
(3). Su obra constaba de un tríptico con imágenes de hombres colgados después de una aparente ejecución, y en los tres cuadros estaba escrito en chino la declaración de los derechos humanos. Estábamos a un mes de los juegos olímpicos y al parecer todo aquello que sonara a política y crítica era materia sumamente sensible para el gobierno chino. No tengo claro de qué manera se dieron las negociaciones, pero es seguro que las hubieron y que en ellas estuvieron representantes mexicanos (incluyendo el consejero cultural de la embajada de México en China), pero se aceptó lo que en su momento consideré y sigo considerando una humillación al artista, al arte mexicano y al arte en general, que el pintor mexicano borrara el texto en chino a cambio de permanecer dentro de la Bienal (¿qué le dijeron? ¿qué le hizo no respetar su obra?). Tengo entendido que él pidió que ese "borrado" (en pintura blanca) fuera hecho por un familiar de alguien muerto en Tian’anmen; no puedo asegurar si logró que aquél familiar se prestara para ello pero el acto del “borrado” fue concretado, vi la obra, la mancha blanca existía sobre unos muy poco claros caracteres chinos y, ¿qué puedo decir?, había perdido todo su valor estético y moral. La pieza adquirió un nuevo contexto, es cierto, pero el acto fue, es y seguirá siendo una vergüenza.
东宫西宫 "Palacio del este, palacio del oeste” es un ejemplo más de los juegos de la censura china, y 三枝橘制作 Thèâtre des trois oranges está acostumbrada a ello. El montaje se dió y pudimos valorar la pieza, con un contexto diferente también, aún cuando creo que el espacio no era el indicado para ella. Disfrutamos de las actuaciones de sus dos actores, que sigo considerando de una extraña monotonía ...con aquella sensación que el escuchar el chino en escena me da, y también de sus imágenes, pero mucho más disfrutamos de aquél valor de seguir haciendo un teatro libre en chino y con chinos en estas condiciones.
Punto final…No he podido quitar de mi memoria una entrevista que la BBC le hizo al escritor chino, Liao Yiwu, autor que volvía a crear después de 4 años de cárcel y censura continua de su obra durante años debido a sus escritos lleno de dolor y furia, escritos referentes a los acontecimiento de la plaza de Tian’anmen en 1989
(4). Él en una actitud sumamente pasiva, antiemotiva, hablaba de haberse vuelto hacia la espiritualidad y haber olvidado el odio, la rebeldía y la pasión, y ahora con cierto tinte de sabiduría prefería dedicarse a tocar la flauta que había aprendido a tocar en la cárcel y lograr que en algún momento sus escritos fueran leídos y no destruídos del todo. Cuando el periodista al final de la entrevista le pidió exponer su pensar como cierre, él prefirió en lugar de hablar que fuera escuchada una pieza tocando él su flauta. Escuché esa música como una metáfora a la impotencia, como el final trágico de quien ha sido vencido por la fuerza universal del estado y por su censura, alguien que sólo espera su iluminación como héroe derrotado.
Liao Yiwu era un mudo tocando una flauta para seguir hablando.