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viernes, 30 de noviembre de 2012

Opiniones del joven poeta Henrik Ibsen en contra del realismo

El joven poeta Henrik Ibsen


Henrik Ibsen es reconocido mundialmente como un dramaturgo revolucionario y se dice por ahí que sus obras, aún en la actualidad, son las más representadas en los escenarios después de las de Shakespeare; pero Ibsen, en su natal Noruega, y en los países escandinavos en general, es reconocido también como un poeta de enorme talla, de hecho es el poeta nacional de Noruega (1). El cliché de su fama en su país natal en relación con el noruego es aquél mismo que se le atribuye a Shakespeare con el inglés o a Cervantes con el español, ni más ni menos. Sin embargo su poesía, al parecer demasiado nacional o local (no hay gran poeta que sea sólo local, diría yo...) es prácticamente desconocida fuera de escandinavia, y aún sus obras dramáticas escritas en verso han sido “borradas” de su apreciación poética debido a las traducciones que se han hecho de ellas. No olvidemos que traducir poesía del noruego al inglés o, peor aún, al español, es una empresa sumamente difícil -en el caso de Ibsen del noruego-danés, como se le decía en su época, cuando el noruego aún no era reconocido como idioma sino como un dialecto que usaba una gran cantidad de palabras danesas para hacerse “literario”-; el ritmo y la musicalidad de la poesía prefieren ser perdidos con tal de mantener una coherencia en su texto dramático. Es una pena, no cabe duda.

Pues bien, si hoy por hoy la obra del Ibsen poeta nos es desconocido a la mayor parte del mundo mucho más lo es la época en que nuestro famoso dramaturgo no había aún abordado el realismo como su caballo de batalla.

Mientras aprendía la técnica del éxito para el teatro (lo que le costó sangre y lágrimas) el joven Ibsen se ganaba la vida como crítico y sus puntos de vista estaban obviamente marcados por su amor y respeto por lo que consideraba el teatro de mayor calidad, el teatro poético. No es de extrañar entonces que la revolución provocada por la fotografía y el realismo en el teatro europeo (aún no naturalismo) no le fueran de su agrado.

En la biografía escrita por Michael Meyer encontré unos pequeños pasajes y citas sobre aquella época del Ibsen defensor de la poesía en drama y ferviente crítico de las nueva moda realista venida de Francia que inundaba los teatros daneses y noruegos. En esos comentarios vemos a un Ibsen poco conocido por el mundo, criticando aquello que después sería su puerta al estrellato mundial, pero curiosamente en esa su crítica cargada de conservadurismo también descubrimos a un visionario sobre los niveles que ese movimiento realista habría de alcanzar en el futuro, aún hasta nuestra época.

Aquí la cita del libro de Meyer (Traduzco del libro original en inglés; los paréntesis en la traducción al español son acotaciones mías):

“El 11 de octubre de 1857, menos de seis semanas después de su llegada a Christiania, lo encontramos castigando a los amantes del teatro de la capital por su falta de gusto. La obra que examinaba era Der Sonnenwendhof, una adaptación por Salomon Mosenthal de Un cuento de campo de Hans Christian Andersen. Ibsen advertía a sus lectores que no se podría esperar una larga temporada de la pieza debido a que... (Ibsen:) ‘Su calidad es esencialmente poética. Esta es la época. (...) de transparencias, de ingeniosos efectos técnicos. Técnica, en el sentido más superficial de la palabra, es lo único que el público es capaz de apreciar, y el teatro se justifica perfectamente, desde el punto de vista financiero, en seguir presentando como hasta ahora las más recientes obras francesas que durante tanto tiempo han constituído la dieta básica de nuestro repertorio. Estas piezas muestran comúnmente una técnica especializada que el público adora y, lo que es probablemente aún más a su gusto, que no tienen nada que ver con la poesía.’ Ibsen va a expresar entonces sentimientos que puede sorprender a aquellos que, todavía -la mayoría, por desgracia- piensan en él principalmente como un realista social debido a la fuerza de las obras que escribió en la segunda mitad de su carrera. Mucha gente, dice, (Ibsen:) "considera esta obra como un tanto falsa y afectada, porque no tiene un parecido fotográfico con la realidad ... La gente demanda la realidad, ni más ni menos. Ese arte que debería elevarnos (refiriéndose a la poesía) no es un concepto popular.' La única limitación de fotografía, concluye irónicamente, es que no puede, salvo en un sentido abstracto, reproducir el color, pero esto, sin duda, pronto se remediará, y (entonces) un realismo aún mayor tomará lugar, una tendencia que el arte y la poesía sin duda seguirán en su búsqueda por mayor popularidad.

“Dos meses más tarde, en un homenaje al actor Anton Wilhelm Wiehe publicado en Illustreret Nyhedsblad el 13 de diciembre, Ibsen volvió a la carga contra el drama francés moderno y el realismo fotográfico denunciándolos como un tejido de encaje, que (Ibsen:) ‘hace alarde de virtuosismo tan tristemente a expensas del arte’, y ‘sólo puede degradar el arte llevándolo al vacío vulgar del efecto’, elogia entonces a Wiehe por su (Ibsen:) ‘búsqueda de espíritu, no de realismo banal, sino de verdad, que siendo más noble es la representación simbólica de la vida, y es lo único por lo que vale la pena luchar artísticamente, pero cuya existencia es reconocida por tan pocos.' " (2)

Salomon Mosenthal, autor de Der Sonnenwendhof.

Portada del libreto de Der Sonnenwendhof, obra que Ibsen defendía como teatro poético que "elevaba" pero que era incomprendido.

Anton Wilhelm Wiehe, actor que Ibsen defendía como creador de una "verdad espiritual" y no de un "realismo banal"



En mi cabeza se revuelven todas esas ideas preconcebidas que tenía del Ibsen realista en mis primeros estudios teatrales, así que leerlo e imaginarlo como un defensor de la realidad espiritual a través de la poesía en el teatro me suena a mí, no sé a ustedes, como una concepción totalmente estravagante. Un Ibsen irreconocible sin duda pero que existió y es una realidad; la observación detallada de esa etapa de su vida creativa podría ayudarnos a tener una mejor apreciación de su obra completa y no de sólo de una parte de la misma como al parecer nos ha sucedido. Sin duda conocemos la mitad del Ibsen artista.

La gente cambia con el tiempo, los artistas más, somos inestables por naturaleza y seguimos caminos de exploración muchas veces en sentidos opuestos, ya sea por interés profundamente artístico o por que hemos sido empujados según nuestras condiciones de vida; algunos pretenden ocultar sus cambios del pasado y otros simplemente les son borrados por la historia que escoge y edita lo que le interesa.



(1) La poesía de Ibsen la pueden encontrar en línea, traducida al inglés en: http://www.ibsen.net/index.gan?id=26645&subid=0

(2)  Ibsen, A Biography By Michael Meyer. Double Day. New York, 1971. Páginas 146-147.

“On 11 October 1857, less than six weeks after his arrival in Christiania, we find him castigating the theatre-goers of the capital for their lack of taste. The play under review was Hans Andersen's A Country Tale, adapted by Salomon Mosenthal's Der Sonnenwendhof; and Ibsen warned his readers that it could hardly expect a long run, since "its quality is essentially poetic. This is the age", he continued, "of transparencies, of clever technical effects. Technique, in the most superficial meaning of the word, is the only thing the public is capable of appreciating, and the theatre is perfectly justified, from a financial standpoint, in continuing as hitherto to present more recent French works which have for so long constituted the basic diet of our repertory. These plays commonly display a skilled technique, which the public likes, and, which is probably even more to their taste, they have nothing whatever to do with poetry." Ibsen goes on to express sentiments which may surprise those, still, sadly, a majority, who think of him principally as a social realist on the strength of a few plays which he wrote in the middle of his career. Many people, he writes, "will regard this play as both untrue and unwholesome, because it does not bear a photographic resemblance to reality … People demands reality, no more and no less. That art should elevate is not a popular conception." The only limitation of photography, he concludes ironically, is that it cannot, except in abstract kind of way, reproduce colour; but this, doubtless, will soon be remedied, and an even greater realism will result, a tendency which art and poetry will doubtless follow in their quest for further popularity.
Two months later, in a tribute to the actor Anton Wilhelm Wiehe published in Illustreret Nyhedsblad on 13 Decemeber, Ibsen returned to the attack on modern French drama and photographic realism. Denouncing the former as "lacy weavings," which "so sadly flaunt virtuosity at the expense of art," and "can only degrade art into the vulgar emptiness of 'effect', he praises Wiehe for his "spirited pursuit, not of banal realism, but of truth, that loftier, symbolic representation of life which is the only thing artistically worth fighting for, yet the existence of which is acknowledged by so few"-

 







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viernes, 16 de marzo de 2012

Consejos de Henrik Ibsen a una joven escritora.




Laura Petersen (después Laura Kieler)

En 1870 Ibsen no estaba en la cima de su carrera pero ya era un famoso y controvertido escritor, reconocido como buen poeta iba en camino de convertirse también en una personalidad europea; a sus cuarenta años ya bien podía recibir cartas con textos de nuevos escritores buscando su consejo, especialmente jovenes escritoras.


Ese mismo año la jóven noruega Laura Petersen había publicado una especie de secuela a Brand, obra titulada Las hijas de Brand. Michael Meyer, el biógrafo de Ibsen, describe el texto de Petersen como "una imaginaria secuela (...) una emotiva contribución al debate sobre los derechos de las mujeres." Hoy reconocemos a Ibsen precisamente por su exposición y debate sobre los derechos de la mujer (al menos dentro del ámbito de los personajes literarios), pero en aquellos años ese era un tema un tanto complicado para él: cuando era más joven y vivía en Italia Ibsen había pedido la expulsión de algunos de los miembros del club escandinavo de Roma, reservado sólo para hombres,  debido a que esos miembros habían dejado pasar a sus esposas sin que nadie lo notara; y años después se enfrentaba a airadas discusiones con Camilla Collet, otra escritora noruega reconocida por su lucha por los derechos de las mujeres, quien siguiendo el texto de Meyer "se escandalizaba por lo que consideraba un hombre lleno de ideas antiguas sobre el papel de la mujer en la sociedad." Aún faltaban algunos años para la llegada del escritor de Casa de Muñecas, y son precisamente esos contactos con el debate feminista los que lo llevarían a escribir algunas de sus más famosas y escandalosas obras.

Así que cuando Laura Petersen envía a Ibsen su texto de La hijas de Brand pidiendo consejo uno habría imaginado que la carta sería ignorada o al menos rechazada de una educada manera, pero no, algo extraño pasaba cuando Ibsen entraba en contacto con jóvenes escritoras, de pronto surgía en él el caballero, se volvía entonces un mentor sabio, amable y paciente dispuesto a dar su consejo y opinión. Gracias a esa actitud ante las jovenes artistas tenemos al menos un documento con ciertos valiosos consejos para jóvenes escritores venido de su propia mano.


Carta a Laura Petersen (Junio 11, 1870):


"¿Piensa usted seguir escribiendo? (...) Se necesita mucho más que simple talento. Uno debe partir de algo, de alguna experiencia genuina. Si hace falta eso, entonces no se escribe de verdad, uno sólo hace libros (...) Intelectualmente, el ser humano es un animal de vista a larga distancia; nosotros los humanos vemos más claramente desde lejos; los detalles distraen; uno debe alejarse del punto que se desea juzgar; se describe mejor el verano desde un día de invierno (...) Lo principal es ser verídico y fiel a uno mismo. No es cuestón de desear ir en una dirección o en otra, sino saber que uno absolutamente tiene ir a la que se debe de ir, porque uno es uno mismo y no puede ser de otra manera. El resto son sólo mentiras." (*)


Laura Petersen se convertiría más tarde, después de casada, en Laura Kieler, y ella sería la inspiración directa para el que es quizá el personaje más conocido de Ibsen, Nora Hellmer, y la terrible historia de su matrimonio la base de la anécdota de su Casa de Muñecas.

Ibsen escribe con honestidad y sabiduría la carta a esta joven escritora pero el texto resulta no sólo el consejo de un mentor a su discípula sino una exposición de ideas visionarias sobre su propio trabajo en el futuro.












(*) (Traducción libre del autor del Blog) Henrik Ibsen Biography. By Michael Meyer. Page 320. "Are you thinking of continuing to write? (…) Much more is needed than mere talent. One must have something to create from, some genuine experience. If one lacks that, one doesn't write in the true sense, one just makes books (…) Intellectually, man is a long-sighted animal; we see most clearly from a distance; details distract; one must remove oneself from what one wishes to judge; one describes the summer best on a winter's day (…) The main thing is to be true and faithful to oneself. It is not question of willing to go in this direction or that, but of willing what one absolutely must, because one is oneself and cannot be otherwise. The rest is only lies."





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domingo, 8 de enero de 2012

Ibsen, el anarquista, habla de la libertad



Aquí les presento una corta cita de una carta de Ibsen dirigida a Georg Brandes en 1872, donde el poeta noruego reclama sobre las aflata de comprensión en la lectura de sus textos sobre su idea de libertad. El texto nos muestra un Ibsen mucho más cercano al anarquismo que a las ideas liberales de la época:

Nunca habría de identificar Libertad con libertad política. Lo que tu llamas Libertad yo le llamo libertades, y lo que yo llamo la batalla por la Libertad no es más que la continua persecución de la idea de Libertad. Aquél que dice poseer Libertad como algo por lo que se ha luchado, lo que posee en realidad es algo muerto y sin sentido; por su propia definición la libertad se expande a perpetuidad a medida que se busca abrazarla, y si en su búsqueda, ese alguien se detiene y dice: “¡Ya la tengo!” lo único que muestra es que la ha ya perdido. (...) ¡El estado debe ser abolido! (...) Hay una revolución a la que con mucho gusto presto mi hombro: la abolición de la concepción del Estado, el establecimiento del principio de la libre voluntad y todo lo que es espiritualmente afín a ello como un prerequisito para una fraternidad universal. Ahí es donde está el inicio de una libertad que vale la pena.” (*)

Desde luego un texto que no ayudaba en nada a cambiar la idea general de que Ibsen era un ultra radical dentro del ambiente político de finales del siglo XIX europeo.







(*) En inglés en el original (traducción del autor del Blog). Ibsen Biography. By Michael Meyer. Page 338.
"I shall never agree to identify Freedom with political freedom. What you call Freedom I call freedoms, and what I call the battle for Freedom is nothing but the continuous pursuit of the idea of Freedom. He who possesses Freedom otherwise than as something to be striven for possesses something dead and meaningless, for by its very definition Freedom perpetually expands as one seeks to embrace it, that if, during the quest, anyone stops and says: "Now I have it!" he shows thereby that he has lost it." (...) "The state must be abolished!" (...) "There's a revolution to which I gladly lend my shoulder. Abolish the conception of the state, establish the principle of free will and all that is spiritually akin to it as the one prerequisite for a universal brotherhood-there is the beginning of a Freedom that is worth something!"

 

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viernes, 23 de diciembre de 2011

El encuentro entre Henrik Ibsen y Hans Christian Andersen, una nota curiosa.

Hans Christian Andersen
Henrik Ibsen


En la biografía de Ibsen escrita por Michael Meyer, Meyer reconstruye el curioso encuentro que tuvieron en Londres dos gigantes de la literatura, Henrik Ibsen y Hans Christian Andersen. El texto completo* es una curiosidad y describe a la perfección, en una situación real, estas dos personalidades extremas, un Andersen aniñado y frívolo y un Ibsen razonable y seguro de sí, pero además el texto plagado de pequeñas anécdotas de lo más simpáticas alrededor de aquél encuentro, se convierte en un ejemplo del sumo placer que puede uno tener al leer historia del teatro (y del arte en general):


"Hans Andersen estaba dispuesto a encontrarse con el nuevo dramaturgo, ya que al parecer había olvidado su breve encuentro en 1852. El 11 de agosto (1870) anotó en su diario: "Fru Melchor me dijo que el poeta Ibsen iría a cenar hoy con Carl Bloch, y expresé mi sorpresa por no haber sido invitado. Me puso de mal humor el pensar sobre la poca atención que B. me había prestado." "Yo no estuve allí ", escribió el día siguiente a Henriette Collin, "pero me hubiera gustado haber sido invitado, y ver por fin a este poeta noruego al que no le gusta lo noruego." Una semana más tarde vió cumplido su deseo cuando Moritz Melchior Gerson, un político en cuya casa del siglo XVIII con vistas al Sound, en donde, mediante un acuerdo generoso y en un conjunto permanente de tres o cuatro habitaciones, Andersen vivía, dio una fiesta para los dos escritores. Andersen trató de prepararse para el encuentro haciendo un poco de tarea, y el resultado lo deprimió. "Leí Peer Gynt", anotó en su diario del 18 de agosto, "que está escrito por un poeta loco. Uno se vuelve loco sólo leyendo este libro. La poesía tampoco es buena, hay algo enfermo y angustiado en todo esto. Lamento haberlo leído, Ibsen viene esta noche aquí por primera vez. Nunca lo he visto, dicen que es taciturno y sombrío", pero la ocasión pasa inesperadamente bien; el diario continúa: "Después de la cena llegó con Bloch, y me causó una buena impresión ... Habló bien y fue muy amable.. A todos nos gustó."

El diario de Andersen nos oculta cómo la noche estuvo a punto de ser un desastre. Según John Paulsen, quien obtuvo la historia de parte del mismo Ibsen:

"Muchos de los personajes más notables de la ciudad se encontraban entre los invitados Todo el mundo había llegado y estaba listo para sentarse, pero Andersen no bajaba de su habitación. Un cuarto de hora pasó, media hora; una inquietud nerviosa se apoderó de los anfitriones, y no parecían muy contentos. Mensaje tras mensaje fue enviado, pero no aparecía. La anfitriona tranquilamente subió, pero volvió con una expresión de más preocupación que antes de subir. Andersen no bajaría. Nadie decía nada a los invitados de honor, pero Ibsen presentía lo que estaba ocurriendo. A Andersen no le gustaba estar con gente de cuyas simpatía no estaba seguro; cuando la gente mencionaba autores extraños él ingenuamente preguntaba: "¿El me admira?" La situación se volvía cada vez más penosa. Eran ya 45 minutos pasada la hora señalada para la cena. Los anfitriones se encontraban totalmente perdidos sin saber qupé hacer. ¿ Se sentarían todos a cenar sin Andersen?
Entonces Ibsen salvó la situación. Tomó a su anfitrión y se lo llevó hacia un lado y pidió permiso para ir a la habitación de Andersen y hablar con él. El anfitrión asintió con la cabeza y le mostró el camino. Un minuto después, con la alegre sorpresa de estar en compañía, los dos grandes escritores entraron a la sala uno al brazo del otro; Andersen, evidentemente emocionado, sonriendo hasta las lágrimas. Era como un niño pequeño al que le habían dado por su lado.
"¿Pero qué pasó entre usted y Andersen en esa habitación?" Le pregunté a Ibsen. Ibsen sonrió ante el recuerdo: "Le abracé y le dije un cumplido. El se sintió conmovido, cuando me devolvió el abrazo me preguntó, "¿Entonces, realmente le gusto?" Ibsen añadió: "Fue una de las noches más agradables que he tenido. Andersen puede ser tan amable y entretenido como pocos otros hombres cuando él lo quiere ser."

Andersen se mostró encantado con su nuevo amigo. Más tarde le escribió a un amigo que había encontrado Ibsen "muy amable, modesto y agradable. Él me gusta mucho, pero su Peer Gynt nada de nada".




*En inglés en el original. Traducción del autor del Blog. Biografía de Henrik Ibsen. Michael Meyer. Página 323.  

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sábado, 10 de diciembre de 2011

Ibsen en guerra: "Mi libro es poesía;.. Y si no es así, se convertirá en ello."


Ibsen's original draft of Peer Gynt. Act V. (Photo from H. Ibsen Biography by Michael Meyer.)


Después de la publicación en su tierra natal de Peer Gynt, en 1867, Henrik Ibsen fue atacado como ningún otro autor en Noruega, atacado a causa de su poesía, sus temas y su extraña idea de lo teatral (aun cuando Peer Gynt no fue concebido para la escena). Pero ese ya no era el Ibsen de algunos años atrás, inmaduro y colérico, que no sabía cómo responder a cualquier ataque; Italia, el exilio y el éxito de su "Brand" le habían dado una seguridad que nadie en Noruega ni en Europa habría de poder romper en el futuro.

Después de la publicación de Peer Gynt y ante todas esas críticas a su persona y obra Henrik Ibsen se había convertido en un monstruo.

El siguiente es un extracto de una carta a Bjørnstjerne Bjørnson (9 de diciembre de 1867) como respuesta de todos sus críticos, incluyendo Bjørnson:

"Querido Bjørnson, (...) Mi libro es poesía;.. Y si no es así, se convertirá en ello. La concepción de la poesía en nuestro país, en Noruega, se formará de acuerdo con este libro (...) Sin embargo, me alegro que esta injusticia haya sido arrojada sobre mí, es signo de ayuda y dispensación divina. La ira aumenta mi fuerza. Si va a haber guerra, entonces que haya guerra. Si yo no soy un poeta, ¿qué tengo que perder?  Mi escritura será como el trabajo de un fotógrafo, me ocuparé de mis contemporáneos allí en el norte, todos y cada uno de ellos, uno por uno, exactamente como me he ocupado de estos reformadores del idioma. No dejaré fuera de mi crítica ni al niño en el vientre de su madre, ni al pensamiento o cualquier sentimiento que pueda haber motivado la acción de cualquier hombre que merezca el honor de ser mi víctima. (...) ¿Sabes que toda mi vida he dado la espalda a mis padres, a toda mi familia, porque no podía soportar continuar una relación basada en una comprensión imperfecta?"

Ibsen es capaz de asegurar que su libro se convertiría en Noruega en el prototipo de la poesía misma (y no estaba tan errado) oponiéndose a aquello que sus críticos destacaban como errores de su trabajo. Sabía que iniciaba una guerra por su fama e individualidad como escritor y la asumía en toda su amplitud. Aquella famosa frase acerca de la fotografía que muchos la utilizan para identificar su inicio dentro del realismo se convirtió en su canto de batalla:

"Mi escritura será como el trabajo de un fotógrafo, me ocuparé de mis contemporáneos allí en el norte, todos y cada uno de ellos, uno por uno, exactamente como me he ocupado de estos reformadores del idioma. No dejaré fuera de mi crítica ni al niño en el vientre de su madre, ni al pensamiento  o cualquier sentimiento que pueda haber motivado la acción de cualquier hombre que merezca el honor de ser mi víctima."

Sólo habrá que recordar la mayoría de sus obras importantes para ver que llevó sus amenazas hasta sus últimas consecuencias.

Ibsen hace también una confesión muy difícil:  da la espalda a sus padres y familiares debido a lo que considera una "comprensión (o entendimiento) imperfecta". Cierto, su origen provinciano lo ligaba a un grupo de parientes sin ningun contacto con lo intelectual y artístico, un total estorbo para cumplir sus objetivos. Sólo un hombre con todas sus metas en mente, listo para pelear cualquier batalla para ser el número uno en su mundo podría escribir de esa manera. Ibsen desde su adolescencia no volvió a ver a sus padres, y sólo una vez tuvo contacto por carta con uno de sus hermanos.

Él entró en guerra, cumplió sus amenzas y consiguió lo que se impuso. Ibsen era ya un monstruo.




(1) Henrik Ibsen Biography. Michael Meyer. Double Day, 1967. Cita original en Inglés en la biografía de Michael Meyer: 
"Dear Bjørnson, (…) My book is poetry; and if isn't, it will become such. The conception of poetry in our country, in Norway, shall shape itself according to this book. (…) However, I am glad that this injustice has been flung at me; it is sign of divine aid and dispensation; anger increases my strength. If there is to be war, then let there be war! If I am not a poet, what I have to lose? I shall try my hand as a photographer, I shall deal with my contemporaries up there, each and all of them, one by one, as I have dealt with these language reformers; I shall no spare the child in its mother's womb, nor any thought nor feeling that may have motivated the actions of any man who shall merit the honor go being my victim. (…) Do you know that all my life I have turned my back on my parents, on my whole family, because I could not bear to continue a relationship based on imperfect understanding?"


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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ibsen y la belleza de Roma. Entendiendo el arte y la tragedia griega.


Detalle de la estatua de la musa de la tragedia (Museo Vaticano)


Ibsen como muchos otros artistas escandinavos y europeos del siglo XIX encontró en Roma la inspiración para su arte y su idea de la belleza y la profundidad en el arte. Leyendo la biografía de Henrik Ibsen escrita por Michael Meyer descubrí una carta dirigida a su amigo (y en ocasiones su enemigo) el escritor Bjørnstjerne Bjørnson, describiendo sus obras de arte favoritas en la ciudad eterna y su reacción después de observarlas.

Ibsen vivió en Roma cuando tenía alrededor de 30 años, en una especie de exilio autoimpuesto, y escribió varias de sus obras más famosas durante esos años viviendo en Italia. Es más que sabido que el escritor y poeta no acostumbraba leer libros (cualquier tipo de libros, sólo leía periódicos), así que esta estancia era para él algo más que una visión general del mundo del arte clásico, era su lectura “visual” de todos los clásicos de la literatura y el teatro a través de la escultura y la arquitectura. Sí, por extraño que parezca.

Ibsen envió esta carta a Bjørnson el 28 de enero de 1864, confirmando las predicciones de Bjørnson de que la estancia en Roma poco a poco le daría a Ibsen una sintonía con el arte clásico y su escultura.

Publico en el Blog el extracto completo de la carta que aparece en el libro de M. Meyer *, y también publico algunas fotografías (de diferentes fuentes en internet) que ayudarán a visualizar las obras de las que Ibsen está hablando.

"Su belleza (...) crece más y más en mí, como tú habías dicho que pasaría. Se presenta en destellos, pero uno solo de esos destellos lanza su luz sobre todas las vistas. ¿Te acuerdas de "La musa de la tragedia" que se encuentra fuera de la sala de La Rotonda en el Vaticano? No hay otra escultura aquí que haya sido tal revelación para mí. Puedo incluso decir que es a través de ella que he entendido lo que fue la tragedia griega. La indescriptible calma, la noble y sublime exaltación de alegría en la expresión de la cara, el frondoso laurel que lleva la cabeza y que contiene dentro de él algo sobrenaturalmente exuberante y báquico, los ojos que miran hacia dentro y al mismo tiempo, a través y más allá del objeto de su mirada... Eso fue la tragedia griega.

Musa trágica (Museo Vaticano)

"La estatua de Demóstenes en el museo Laterano, el fauno en la Villa Borguese, y el fauno (de Praxíteles) en el Vaticano (bracchio nuovo), también han abierto para mí grandes puertas que me muestran el carácter griego (el personaje), y me han permitido entender lo que en la belleza es realmente imperecedero. Ruego al cielo que yo pueda ser capaz de utilizar este conocimiento para mi propio trabajo.

Estatua de Demóstenes (Museo Vaticano)

Fauno de Praxíteles (Museo Vaticano)

Fauno (Villa Borguese)


"El Moisés de Miguel Ángel en San Pedro (en Vincoli) no lo había visto la última vez que te escribí; ya había leído sobre él y tenía expectativas que al final no se ha cumplido, auqnue deco decir que sólo lo he visto una vez.

¡Qué glorioso es aquí el paisaje, tanto en las formas como en los colores hay una indescriptible armonía. A menudo paso la mitad de un día tumbado entre las tumbas de la Via Latina o la vieja Via Appia, y creo que es una ociosidad pero no una pérdida de tiempo. Los Baños de Caracalla son otro lugar que tiene un atractivo especial para mí (...) "


Area de tumbas en la Via Appia


Los baños de Caracalla



Tal vez todo esto son sólo datos curiosos, pero quizás también podría ayudar a comprender de una mejor manera la obra del dramaturgo (y poeta) noruego, y en especial a comprender mejor al hombre detrás de esa monumental obra.





* En inglés en el texto de Meyer, la traducción es mía:
 "Its beauty (…) grows more and more on me, as you said it would. It comes in flashes, but a single flash throws light over whole vistas. Do you remember the "Tragic Muse" which stands outside the hall in the Rotunda in the Vatican? No sculpture here has yet been such a revelation to me. I may even say that it is through this that I have understood what Greek tragedy was. The indescribably calm, noble and exalted joy in the expression of the face, the richly laurel led head containing within it something supernaturally luxuriant and bacchantic, the eyes that look both inwards and at the same time through and far beyond the object of their gaze--such was Greek tragedy.
The statue of Demosthenes in the Lateran, the Faun in the Villa Borghese, and the Faun (of Praxiteles) in the Vatican (brachia nuovo), have also opened great windows for me into Greek character, and have enabled me to understand what imperishability in beauty really is. Pray heaven I may be able to use this understanding for my own work.
Michelangelo's Moses in S. Pietro in Vincoli I had not seen when I last wrote to you; but I had read about it and built up expectation which has not quite been fulfilled--however. I have only seen it once.
How glorious the landscape is down here; in both forms and colours there is and indescribable harmony. I often spend half the day lying out among the graves on the Via Latina or the old Via Appia, and think it an idleness but no waste of time. Caracalla's Baths are another place which holds some especial attraction for me (…)" (Page 235. Ibsen's Biography. By Michael Meyer. Double Day Co. New York 1971)





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viernes, 21 de octubre de 2011

"Cómprese un perro, mi señor."



Solamente para una simple cita de un dialógo de la obra de Ibsen "Los pretendientes de la corona" (alrededor de 1863) que muestra, desde mi punto de vista, aquél irónico Ibsen de años posteriores. Ahora que aún sin saber que la cita viene de Ibsen mismo creo que las frases que siguen son verdaderamente encantadoras:


"Skule- (…) Debo tener a alguien a mi lado que me obedezca instintivamente, que crea en mí sin vacilar, que permanezca cerca de mí en los días buenos y malos, que viva sólo para dar luz y calor a mi vida. ¡Alguien que cuando yo caiga, sienta que deba morir! ¿Qué debo hacer, Jatgeir?

Jatgeir- Cómprese un perro, mi señor.
"*












* En inglés en el original, traducido por el autor:  

"Skule- (…) I must have someone by me who will obey me instinctively, believe in me unflinchingly, stand close by me through good days and evil, live only to give light and warmth to my life--someone who, when I fall, must die! What shall I do, Jatgeir?

Jatgeir- Buy a dog, my lord.
"
The Pretenders by Ibsen. 

From Michael Meyer's Ibsen's Biography. Double Day, 1967. Page 210.


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martes, 18 de octubre de 2011

Crítica de Bjørnstjerne Bjørnson al joven Henrik Ibsen

El joven Henrik Ibsen (1861)

El joven Bjørnstjerne Bjørnson (1860)

El joven Henrik Ibsen era inseguro, colérico y de una fealdad física un tanto remarcable para sus contemporáneos, su personalidad carecía de valor para muchos, como nos describe Olev Arvesen cuando acostumbraba ver a Ibsen "entrar al café L'Orsa's puntualmente a las 2 de la tarde a tomar su café y leer los periódicos extranjeros", alrededor de 1858:

"Que este hombre, con el abrigo viejo y raído, desgastado sombrero de mormón y semblante totalmente humilde, se convertiría en uno de los más grandes hombres de Noruega y Escandinavia misma, era un pensamiento inimaginable." *

Pero a la vez Ibsen poseía un gran talento para la poesía, gustaba de hacer teatro y tenía un sueño-ambición: ser el mejor y más reconocido escritor de su país.

Pero en el año 1859, a sus 31 años e iniciando su vida como dramaturgo, director de teatro y poeta el éxito no se había hecho presente como él lo esperaba. Era entonces  Bjørnstjerne Bjørnson quien lidereaba la juventud de exitosos escritores en Noruega, y es él a quien Ibsen veía como al que se debía destronar; así, sus primera luchas estuvieron cargadas de malos entendidos, celos y suposiciones que sólo iban en detrimento del mismo Ibsen. Aún, el omnipotente dramaturgo del realismo, no se había creado su gran máscara de soberano de la literatura, frío, calculador y sabio.

Bjørnson, a partir de un pequeño escándalo sobre el fracaso de una de la primeras piezas de Ibsen, Los Vikingos en Helgeland, escribe una carta a Clemens Petersen dándole cuenta del ambiente que se reinaba alrededor del joven dramaturgo, sus inseguridades y la opinión que él, Bjørnson, tenía del apenas unos años más joven Ibsen. Es curioso el tono de seguridad que tiene Bjørnson en esta carta, más cuando al final de su vida, todo comentario alrededor de Ibsen estaría lleno de amargura debido a la altura a la que su antiguo “pequeño” (así lo llamaba) competidor habría de llegar.

Carta de Bjørnstjerne Bjørnson a Clemens Petersen. Bergen, 5 de marzo de 1859:

“La obra (Los Vikingos en Helgeland) no ha tenido éxito, sin embargo lo puede tener con el tiempo (...) Ibsen tiene una pequeña banda de admiradores encabezados por el Nyhedsbladet. Pero cada vez que ha tenido que enfrentarse al público todo va mal y yo he debido salir en su ayuda ya dos veces, porque Ibsen, a pesar de todos sus defectos es un poeta. Y espero que algún día se dé cuenta de ello y mande a volar este condenado pastiche. El día que Ibsen admita que es pequeño se va a convertir en un poeta totalmente encantador. Yo se lo he dicho muy claramente pero el resultado son celos. Se ha dedicado a hacer una serie de cosas para molestarme, y lo sigue haciendo. Está enojado porque no puse sus Vikingos en Helgeland en mi repertorio. (...) No he leído su poema “El grito de la gaviota”, pero he escuchado que es un tanto sentimentaloide y que lo escribió principalmente porque una revista danesa había dicho que él valía menos como escritor que yo. Ese es el tipo de cosas que distraen a Ibsen de lo que debe y tiene que hacer. Mi punto es que, siendo un hombrecito pequeño y con actitudes de gnomo, sin pecho y sin trasero, se siente que no tiene más talentos y se esfuerza espantosamente en demostrar que los tiene cuando escribe. No escribe lo que realmente le gustaría y podría escribir.”


Son palabras muy duras que, viéndolas en su contexto, están llenas de verdad sobre el pequeño impulsivo, inseguro y en momentos estúpido Ibsen. Pero vistas ahora, amás de 100 años de distancia y con el peso de la historia, sólo podemos leerlas en detrimento del gran Bjørnson: nos describen la gran ironía de la relación entre estos dos escritores. Aquellos defectos e inseguridades llevaron a Ibsen a superarse y volverse no solo el más importante escritor de Noruega en su época sino uno de los más grandes escritores de la humanidad.










*Traducción del autor, del orgiinal en inglés: "That this man with the threadbare coat, old, soft mormon hat and profoundly unassuming mien would become one of Norway's and Scandinavia's greatest men was an unimaginable thought." (Michael Meyer, Ibsen's Biography)
 
* Traducción del autor, del original, en inglés: "The play (The Vikings at Helgeland) hasn't succeeded, though it may seem from a distance to have (…) Ibsen has a little clique of admirers headed by Nyhedsbladet. But every time he has to face the general public everything goes wrong and I've had to go to his aid twice, because Ibsen despite his aberrations is a poet. And I hope some day to get him to be himself and turn away from all this damned pastiche. The day Ibsen admits he is small he'll become a perfectly enchanting poet. I've told him as much pretty plainly, but the result is, he's jealous. He's done all sort of little things to annoy me, and does still. He's angry that I haven't put The Vikings at Helgeland into my repertory. (…) I haven't read his poem 'Gull Cry'; I've heard it's rather affected stuff, and was written largely because Danish monthly said he was lesser writer than me. Now that's exactly the kind of thing that always distracts Ibsen from what he ought to be and do. The point is, he's rather small and gnomish little chap, with no chest or rump, so he feels that as he has no other gifts he has to strain most frightfully when he writes. And so he doesn't write what he'd really like to, and could."
Ibsen Biography. By Michael Meyer. Double Day, 1967. Page 161.
 




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sábado, 18 de junio de 2011

Eleonora Duse mirando a la ventana de Ibsen...

"La Duse watching Ibsen's window" (Por Gustavo Thomas, 2011)


Ella estaba ahí cuando él moría,
pero no pudo verle,
ni besarle,
ni darle las gracias.

Ella estaba ahí, solo esperando su aparición,
pero él nunca salió.

Ella estuvo ahí, mirando y esperando,
así lo oí...


Eleonora Duse visitaba Noruega por primera vez, con la esperanza de encontrar al dramaturgo que le había dado sus más grandes triunfos. A su arribo mandó una carta y flores a Ibsen pidiéndole una cita para agradecerle por todo ello. Suzannah (la esposa de Ibsen) telefoneó diciendo que él estaba muy enfermo y que no podía recibir a nadie. Lugné Poe, quien estaba con ella en esos momento, cuenta como La Duse se paró enfrente de la ventana del palacete de Ibsen, entre el frío y la nieve, al medio día, esperando a que el escritor se asomara como regularmente lo había hecho durante los últimos años, pero no lo hizo. Eleonora Duse nunca pudo encontrarse con Ibsen en persona. (1)

Mi pintura se basa en una fotografía original de la producción de la obra de Ibsen La dama del mar en la que Eleonora Duse era el personaje principal.




(1) La anécdota en inglés, en el original: "Duse was visiting Norway for the first time, largely in the hope of meeting the dramatist who had provided her with her greatest triumphs. On her arrival she sent a letter and flowers to Ibsen asking if she might call merely to say "¨Thank you". Suzannah, however, telephoned that Ibsen was too ill to receive anyone. Lugné-Poe, who was with Duse at the time, tell what followed

I remember very well that morning when she had just received this sad message. I went in to her and found her swathed in the long white paladrane which she loved to wear. She sat fearful, annihilated, hollow-cheeked, her face tired and lined as though life was abandoning her. She asked me: "What shall I do? Please, what shall I do?"... What could I do for her? I had hoped so much, for her sake... Next morning, around noon Duse and i found ourselves outside Henrik Ibsen's house. She had bought Norwegian boots, for she wished to go there on foot. We walked round the left of the palace, and at the stroke of twelve we stood beneath the corner window, where, every day at this time, people could see Dr. Ibsen in person, sometimes with a secretary or someone at his side. Duse stood there waiting, in the cold and snow. Who, even thirty years later, would not be shaken by the memory of having been present at that sad and silent meeting? Eleonora Duse on the pavement, looking for the old poet's silhouette behind the big window."

Ibsen's Biography. By Michael Meyer. (En inglés en el original)




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lunes, 15 de septiembre de 2008

Un retrato de Strindberg colgado en el estudio de Ibsen




La lucha que se evidencia desde finales del siglo XIX entre el realismo y el supernaturalismo en muchos ámbitos del arte pero en especial dentro del teatro tiene un paralelo evidente, estoy convencido de ello, en la lucha entre sus dos mayores exponentes dentro del teatro moderno, Henrik Ibsen y August Strindberg; sus corrientes son un encuentro entre lo consciente y lo inconsciente, entre la idea de la personalidad y la del yo interior o inconsciente.

Sin embargo la relación personal Ibsen-Strindberg es un tanto desconocida por aquellos lectores de uno u otro autor, y es a su vez un curioso apartado en la historia del teatro y del arte en general (1). Dos genios que nunca se conocieron en persona pero que tenían una íntima y dramática relación entre ellos. Dos visiones opuestas del teatro, de la literatura y del mundo en que vivían, y que sólo tuvieron un punto en común durante el intento de imitación de la obra de Ibsen que Strindberg mantuvo durante los primeros años de su carrera como escritor.

Strindberg vivió una verdadero obsesión por la obra y la persona de Ibsen, pasó de ser primero un emulador y admirador del escritor noruego a después convertirse en uno de sus más acérrimos críticos. Sus ataques eran directos, continuos e iban desde análisis profundos del trabajo ibseniano hasta simples y llanas ofensas a su actuar social.

Ibsen nunca comprendió aquellos ataques o nunca quiso mantener una pelea abierta (ni cerrada) con Strindberg; su posición en la sociedad intelectual de Europa de cualquier manera era bastante más alta y en el camino de las comparaciones de la época él salía indudablemente ganando, no tenía porqué escribir una sola palabra en contra de la obra o de la persona de Strindberg.

Sin embargo esa indiferencia ante los ataques del escritor sueco no significó en absoluto que Ibsen no se detuviera a contemplar al gran hombre y artista que Strindberg era.

Cuando Henrik Ibsen se encontraba, el 13 de abril de 1898, en Estocolmo celebrando su cumpleaños número 70, (sí, no era su país natal pero el gobierno de Suecia le ofreció homenajes en su honor), un periodista sueco le preguntó su opinión sobre Strindberg. Ibsen describió al autor sueco, 27 años más jóven que él, como -“Un gran talento”- y continuó, -“no lo conozco personalmente –nuestros caminos nunca se han cruzado- pero he leído su trabajo con gran interés. Nada menos, su última obra, Inferno, me ha dejado una muy fuerte impresión.” (2)

La impresión que Strindberg ejercía en Ibsen era tal que mantenía, desde años atrás de esa declaración, dentro de su propio estudio en Oslo, una pintura con el retrato del artista sueco. No lo conocía personalmente pero había quedado prendido a su imagen, a su personalidad y a la fuerza de su trabajo literario.




En 1893 mientras vivía en Berlín, August Strindberg posó varias veces para el pintor noruego Christian Krogh quien realizó siete retratos de él; uno de esos cuadros fue adquirido por Henrik Ibsen, según cuenta él mismo “por la relativamente hablando ridícula suma de 500 coronas”. El estudio de Ibsen (y su apartamento completo) se conserva en el Ibsenmuseet (Museo Ibsen) en Oslo (3), pero ya no contiene la pintura de Krogh que ahora cuelga en el Museo de Arte Popular de Noruega.

Ibsen veía en Strindberg una poderosa figura casi de orden mitológico; el retrato pintado por Krogh no solamente estaba colgado en su estudio sino que tenía un lugar preponderante dentro del mismo, exactamente frente a su lugar de trabajo. Decía que le gustaba mirarlo mientras escribía, y que le parecía que el hombre del retrato lo miraba directamente como “un demente dirigiéndose a él con sus enloquecidos ojos”. Gustaba especialmente de observar esos “demoniacos ojos”, y en algún momento de su vida remarcó “El es mi enemigo mortal; él debe colgar ahí y observar todo lo que escribo”. (4)


Las citas de la boca de Ibsen son evidentemente claras, esa fuerte impresión no se puede ocultar.

La personalidad de Ibsen, reservado como era y profundamente correcto (aún en sus más sonados escándalos) dió muy poco para reconocer en él sus grandes miedos, obsesiones y pasiones personales, pero indudablemente libró una lucha con aquellas fuerzas que August Strindberg y su obra representaban; el cuadro colgado en su estudio es un prueba de la presencia de lo “otro’ en su vida creativa, de su lucha y por su puesto de su admiración.

El director teatral August Lindberg, amigo de Strindberg, cuenta cómo visitando el estudio de Ibsen éste le preguntó sobre si el retrato que colgaba en su pared se asemejaba al Strindberg real, entonces y sin esperar respuesta, Ibsen se le acercó y en un casi susurro, intentando tal vez no ser escuchado, aseveró “¡Un hombre remarcable!”.



(1) En un curioso e interesante ensayo Barbara Lide de la Universidad Tecnológica de Michiganexpone la relación “admiración-odio-temor” de dos de los más grandes escritores y dramaturgos del teatro moderno, extraña relación que posee todos las características de las corrientes a las que cada uno de ellos pertenece en el campo del Teatro.
(2) La mayoría de las citas las he extraído tanto del libro “Henrik Ibsen and the Birth of Modernism” de Toril Moi (Oxford University Press. London, UK 2006) como del artículo “Strindberg’s Ibsen: Admired, emulated, scorned, and parodied” del Barbara Lide (Michigan Technologial University, que a su vez se basan en la básica biografía de August Strindberg realizada por Meyer.
(3) La presencia del retrato de Strindberg pintado por Krogh en el estudio de Ibsen es reconocida a través de citas directas del mismo autor noruego, así como de amigos y conocidos de él. La información la tomé tanto del libro de Toril Moi como del ensayo de Barbara Lide.


Estudio de Ibsen. Ibsenmuseet, Oslo.

(4) Una de las frases de Ibsen (traducidas al inglés) que se conservan en su aprecuiación del cuadro es "Insanity Emergent".



lunes, 12 de noviembre de 2007

Henrik Ibsen en la portada de la revista L’Illustration en 1898.



Henrik Ibsen era un autor famoso, menos famoso que Victor Hugo (que movía masas) pero más famoso, para su tiempo (siglo XIX), que varios autores teatrales que reverenciamos hoy en día. Su aparición en varios círculos sociales y editoriales europeos, y su posición en vida como poeta nacional de Noruega era indiscutible. Ibsen era pretexto para artículos, reseñas, críticas, libros enteros (Bernard Shaw le dedicó uno a su obra realista, por ejemplo), así como para simples “portadas” al estilo del “Times” o “Newsweek” de hoy en día.

Con motivo de la celebración “mundial” de sus 70 años de vida, el reconocido y famoso semanario francés “L’Illustration” dedicó su número del Sábado 19 de marzo de 1898 al autor noruego, con una gran foto de Ibsen en la portada y dos artículos en el interior (1).


El número de esta revista es una curiosidad que encontré en el mercado de La Lagunilla hace 20 años ya, cuando me encontraba en el climax de la absorción de la técnica de González Caballero (2). Yo tenía alrdedor de 17 años, no podía leer aún en francés, pero me fascinaba la simple idea de poseer una revista con la foto de Ibsen en la portada, más aún sabiendo que era de la misma época en que él vivió: ¡La revista salía a la venta el 19 de marzo y el cumpleaños de Ibsen era el 20 de marzo!

Los artículos del interior son un tanto faktos de interés, como si no hubiera ya más qué decir de Ibsen. El autor del artículo (que por más que busco no puedo enterarme quién fue, sólo firma “P.Q.”) hace una lista de las obras de Ibsen hasta ese momento; la última pieza que nombra es Juan Gabriel Borkman fechada en 1898. Hay un dato que es interesante: Ibsen es nombrado como un autor de la mayor vanguardia europea, y París que es la ciudad de la vanguardia en ese momento, recibe las obras de Ibsen de manos de Antoine y su Théâtre Libre; sus piezas se montaban con poco presupuesto y mucha creatividad, según palabras del articulista.

Las festividades por los 70 años de vida de Ibsen se realizarían, según el artículo en Noruega y en Suecia, a través de homenajes, banquetes oficiales, fiestas populares y por supuesto representaciones. Ibsen era todo un orgullo tanto para el mundo escandinavo como para Europa misma.




El grabado de la portada (una foto-ilustración) que ustedes verán, muestra a un Ibsen con una gran personalidad: un enorme anciano con un aire de mucha sabiduría; cara dura, firme, pero cuerpo bonachón. González Caballero acostumbraba hacer paralelos entre la vida y la personalidad de los cuatro autores propositores en su técnica de actuación (3), así, en el caso de Ibsen, siempre exponía su gusto por lo social, su apariencia, y ésta foto es un ejemplo claro de esos comentarios de González Caballero. (4)


Habría que hacer un ejercicio de comparación entre las fotos y retratos de los cuatro autores (o cualquier autor, claro), su personalidad y su obra misma. Yo lo he hecho y es de verdad un juego sorprendente e incluso clarificador.

Aquí una foto que circula por internet y que tiene al mismo Ibsen del retrato utilizado en la portada de L'Illustration a la que me he referido en esta entrada del Blog. La foto lo muestra en otra posición pero en el mismo "estudio":



(1) Una página de antiguedades en internet hace la descripción, en francés, de éste número de la revsita:
“ L'ILLUSTRATION. N°2873 Henrik Ibsen, gravure par Thiriat. Journal Universel. 19 mars 1898. (…) Intérieur frais. 16 pages environ illustrées de nombreuses gravures noir et blanc, premier plat de couverture illustré d'une gravure. La corporation des bouchers de Limoges par De Noussanne avec gravures dans le texte (rue de la Boucherie, syndic tenant la bannière, intérieur de triperie, église des Bouchers, croix de Saint AUrélien). Un devancier de Gutenberg par M. Normand avec gravure dans le texte (fac-similé de la dernière page du Doctrinal de Gerson imprimé par Jean Brito. L'hôtel des ventes, suite par Montheuil avec gravures dans le texte et gravure pleine page d'une vente de lingerie fine. Gravure pleine page en couleurs d'Une jeune fille d'orient par P. barthot. De Courbevoie à Banghi avec la mission Marchand,suite avec gravures dans le texte dont l'adjudant Laurent dans la pirogue, photo de l'exécution de Mounounaméka...). Publicité pour l'Art Nouveau avec 4 photos de mobilier et une lampe (buffet de salle à manger, glace avec encadrement, table toilette avec carreaux artistiques..). ”
(2) Ibsen forma con Pirandello, Chejov y Strindberg, lo que González Caballero denomina "los cuatro autores propositores de las corrientes actuacionales en el teatro moderno"; así, el estudio de la obra, la personalidad y las propuestas de cada uno de ellos envolvía nuestras vidas como estudiantes de actuación.
(3) Escribo un Blog regularmente dedicado a la técnica de actuación de González Caballero: agcmetdo.blogspot.com
(4) En comparación con Chejov quien siempre se mantuvo alejado de la vida social, la vida de Ibsen era un continuo movimiento. Mientras Chejov deseaba estar en su casa en Crimea apartado de todos, Ibsen pasaba una gran parte del día en un café, todos los días, a la vista de todos, leyendo los periódicos.

Gustavo Thomas. Get yours at bighugelabs.com

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