viernes, 30 de noviembre de 2012

Opiniones del joven poeta Henrik Ibsen en contra del realismo

El joven poeta Henrik Ibsen


Henrik Ibsen es reconocido mundialmente como un dramaturgo revolucionario y se dice por ahí que sus obras, aún en la actualidad, son las más representadas en los escenarios después de las de Shakespeare; pero Ibsen, en su natal Noruega, y en los países escandinavos en general, es reconocido también como un poeta de enorme talla, de hecho es el poeta nacional de Noruega (1). El cliché de su fama en su país natal en relación con el noruego es aquél mismo que se le atribuye a Shakespeare con el inglés o a Cervantes con el español, ni más ni menos. Sin embargo su poesía, al parecer demasiado nacional o local (no hay gran poeta que sea sólo local, diría yo...) es prácticamente desconocida fuera de escandinavia, y aún sus obras dramáticas escritas en verso han sido “borradas” de su apreciación poética debido a las traducciones que se han hecho de ellas. No olvidemos que traducir poesía del noruego al inglés o, peor aún, al español, es una empresa sumamente difícil -en el caso de Ibsen del noruego-danés, como se le decía en su época, cuando el noruego aún no era reconocido como idioma sino como un dialecto que usaba una gran cantidad de palabras danesas para hacerse “literario”-; el ritmo y la musicalidad de la poesía prefieren ser perdidos con tal de mantener una coherencia en su texto dramático. Es una pena, no cabe duda.

Pues bien, si hoy por hoy la obra del Ibsen poeta nos es desconocido a la mayor parte del mundo mucho más lo es la época en que nuestro famoso dramaturgo no había aún abordado el realismo como su caballo de batalla.

Mientras aprendía la técnica del éxito para el teatro (lo que le costó sangre y lágrimas) el joven Ibsen se ganaba la vida como crítico y sus puntos de vista estaban obviamente marcados por su amor y respeto por lo que consideraba el teatro de mayor calidad, el teatro poético. No es de extrañar entonces que la revolución provocada por la fotografía y el realismo en el teatro europeo (aún no naturalismo) no le fueran de su agrado.

En la biografía escrita por Michael Meyer encontré unos pequeños pasajes y citas sobre aquella época del Ibsen defensor de la poesía en drama y ferviente crítico de las nueva moda realista venida de Francia que inundaba los teatros daneses y noruegos. En esos comentarios vemos a un Ibsen poco conocido por el mundo, criticando aquello que después sería su puerta al estrellato mundial, pero curiosamente en esa su crítica cargada de conservadurismo también descubrimos a un visionario sobre los niveles que ese movimiento realista habría de alcanzar en el futuro, aún hasta nuestra época.

Aquí la cita del libro de Meyer (Traduzco del libro original en inglés; los paréntesis en la traducción al español son acotaciones mías):

“El 11 de octubre de 1857, menos de seis semanas después de su llegada a Christiania, lo encontramos castigando a los amantes del teatro de la capital por su falta de gusto. La obra que examinaba era Der Sonnenwendhof, una adaptación por Salomon Mosenthal de Un cuento de campo de Hans Christian Andersen. Ibsen advertía a sus lectores que no se podría esperar una larga temporada de la pieza debido a que... (Ibsen:) ‘Su calidad es esencialmente poética. Esta es la época. (...) de transparencias, de ingeniosos efectos técnicos. Técnica, en el sentido más superficial de la palabra, es lo único que el público es capaz de apreciar, y el teatro se justifica perfectamente, desde el punto de vista financiero, en seguir presentando como hasta ahora las más recientes obras francesas que durante tanto tiempo han constituído la dieta básica de nuestro repertorio. Estas piezas muestran comúnmente una técnica especializada que el público adora y, lo que es probablemente aún más a su gusto, que no tienen nada que ver con la poesía.’ Ibsen va a expresar entonces sentimientos que puede sorprender a aquellos que, todavía -la mayoría, por desgracia- piensan en él principalmente como un realista social debido a la fuerza de las obras que escribió en la segunda mitad de su carrera. Mucha gente, dice, (Ibsen:) "considera esta obra como un tanto falsa y afectada, porque no tiene un parecido fotográfico con la realidad ... La gente demanda la realidad, ni más ni menos. Ese arte que debería elevarnos (refiriéndose a la poesía) no es un concepto popular.' La única limitación de fotografía, concluye irónicamente, es que no puede, salvo en un sentido abstracto, reproducir el color, pero esto, sin duda, pronto se remediará, y (entonces) un realismo aún mayor tomará lugar, una tendencia que el arte y la poesía sin duda seguirán en su búsqueda por mayor popularidad.

“Dos meses más tarde, en un homenaje al actor Anton Wilhelm Wiehe publicado en Illustreret Nyhedsblad el 13 de diciembre, Ibsen volvió a la carga contra el drama francés moderno y el realismo fotográfico denunciándolos como un tejido de encaje, que (Ibsen:) ‘hace alarde de virtuosismo tan tristemente a expensas del arte’, y ‘sólo puede degradar el arte llevándolo al vacío vulgar del efecto’, elogia entonces a Wiehe por su (Ibsen:) ‘búsqueda de espíritu, no de realismo banal, sino de verdad, que siendo más noble es la representación simbólica de la vida, y es lo único por lo que vale la pena luchar artísticamente, pero cuya existencia es reconocida por tan pocos.' " (2)

Salomon Mosenthal, autor de Der Sonnenwendhof.

Portada del libreto de Der Sonnenwendhof, obra que Ibsen defendía como teatro poético que "elevaba" pero que era incomprendido.

Anton Wilhelm Wiehe, actor que Ibsen defendía como creador de una "verdad espiritual" y no de un "realismo banal"



En mi cabeza se revuelven todas esas ideas preconcebidas que tenía del Ibsen realista en mis primeros estudios teatrales, así que leerlo e imaginarlo como un defensor de la realidad espiritual a través de la poesía en el teatro me suena a mí, no sé a ustedes, como una concepción totalmente estravagante. Un Ibsen irreconocible sin duda pero que existió y es una realidad; la observación detallada de esa etapa de su vida creativa podría ayudarnos a tener una mejor apreciación de su obra completa y no de sólo de una parte de la misma como al parecer nos ha sucedido. Sin duda conocemos la mitad del Ibsen artista.

La gente cambia con el tiempo, los artistas más, somos inestables por naturaleza y seguimos caminos de exploración muchas veces en sentidos opuestos, ya sea por interés profundamente artístico o por que hemos sido empujados según nuestras condiciones de vida; algunos pretenden ocultar sus cambios del pasado y otros simplemente les son borrados por la historia que escoge y edita lo que le interesa.



(1) La poesía de Ibsen la pueden encontrar en línea, traducida al inglés en: http://www.ibsen.net/index.gan?id=26645&subid=0

(2)  Ibsen, A Biography By Michael Meyer. Double Day. New York, 1971. Páginas 146-147.

“On 11 October 1857, less than six weeks after his arrival in Christiania, we find him castigating the theatre-goers of the capital for their lack of taste. The play under review was Hans Andersen's A Country Tale, adapted by Salomon Mosenthal's Der Sonnenwendhof; and Ibsen warned his readers that it could hardly expect a long run, since "its quality is essentially poetic. This is the age", he continued, "of transparencies, of clever technical effects. Technique, in the most superficial meaning of the word, is the only thing the public is capable of appreciating, and the theatre is perfectly justified, from a financial standpoint, in continuing as hitherto to present more recent French works which have for so long constituted the basic diet of our repertory. These plays commonly display a skilled technique, which the public likes, and, which is probably even more to their taste, they have nothing whatever to do with poetry." Ibsen goes on to express sentiments which may surprise those, still, sadly, a majority, who think of him principally as a social realist on the strength of a few plays which he wrote in the middle of his career. Many people, he writes, "will regard this play as both untrue and unwholesome, because it does not bear a photographic resemblance to reality … People demands reality, no more and no less. That art should elevate is not a popular conception." The only limitation of photography, he concludes ironically, is that it cannot, except in abstract kind of way, reproduce colour; but this, doubtless, will soon be remedied, and an even greater realism will result, a tendency which art and poetry will doubtless follow in their quest for further popularity.
Two months later, in a tribute to the actor Anton Wilhelm Wiehe published in Illustreret Nyhedsblad on 13 Decemeber, Ibsen returned to the attack on modern French drama and photographic realism. Denouncing the former as "lacy weavings," which "so sadly flaunt virtuosity at the expense of art," and "can only degrade art into the vulgar emptiness of 'effect', he praises Wiehe for his "spirited pursuit, not of banal realism, but of truth, that loftier, symbolic representation of life which is the only thing artistically worth fighting for, yet the existence of which is acknowledged by so few"-

 







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