lunes, 14 de diciembre de 2009

Le Dernier Caravansérail (Odysseés)


Acabo de recibir el DVD del film "Le Dernier Caravansérail. Odysées.", basado en la puesta en escena del Théâtre du Soleil y dirigida por Ariane Mnouchkine.

Mi cuerpo se estremece cada vez que recuerdo esta puesta en escena que vi en Paris en diciembre de 2004, en ese maravilloso espacio que han creado y establecido Mnouchkine y todos los integrantes del Théâtre du Soleil durante decenas de años.

La primera escena donde, en un juego absolutamente cínico de teatralidad, se recrea el paso de emigrantes ilegales afganos por un embravecido río en la frontera que los llevará hacia la incierta libertad que buscan en occidente, me rompió cualquier bloqueo que pudiera tener como espectador teatral. Magnífica, poderosa, cargada de suficiente articificio para asumirla real. Los actores estaban en el realismo (¡qué importa!); sus compañeros los ayudaban, a la vista del público, a mover esas telas y provocar el oleaje embravecido del río; el sonido, estruendoso, suficientemente claro para reconocer el viento, el ruido de las aguas, y la fuerza de una enorme pieza de teatro de comenzaba.

Después escena tras escena y la tragedia de la emigración, de las culturas en choque, de la humanidad del viajero perdido. Humanidad, grandiosidad, crueldad, maldad, amor, impotencia, sonidos de un helicóptero, de un tren, gritos, llantos, cartas y nostalgia. Recuerdo tanto...

Aquél sábado en La Cartoucherie, en las afueras de Paris, estuve 6 horas con ellos, con el espacio mismo, con sus actores, con sus libros, con su comida, leyendo de sus paredes y absorbiendo de su Arte Escénico. Yo acaba de dejar mi proyecto de mi compañía teatral un año atrás, y lo hacía por el viaje y la experiencia de dedicar mi vida a ver el mundo escénico que me ha tocado, aver a sus grandes y agradecía de verdad mi estancia ahí.

La enorme puesta en escena duró casi esas 6 horas (con intermedios para comer y cenar), y la respuesta final no fue sólo el aplauso efusivo, sino la emoción, el llanto, el ofrecimiento de nuestro corazones rotos y abiertos hacia lo que ellos nos habían entregado.

Esa noche redescubría el intercambio amoroso del teatro, también la tremenda fuerza con la que resonaban las palabras de un Artaud en la presencia del actor en esa escena, la sangre y el descuartizamiento, pero el mismo Artaud hubiera estado absolutamente sorprendido por la manera en que Le Dernier Caravansérail lo exponía, a través del trabajo, de la entrega, de la sinceridad y la honestidad del trabajo de toda aquella ya mítica compañía en mi memoria.

La Mnouchkine se quedó grabada en mi memoria, como gran directora y como una persona común: en su teatro, antes del comienzo de su obra, nos hablaba a los espectadores como si fuéramos niños, suyos y de otros, nos indicaba dónde sentarnos, cómo comportarnos, con qué cubrirnos (estábamos a 3 grados centígrados, y sin calefacción) y en momentos nos regañaba... Veía sus canas, su cara con su enorme nariz y sus arrugas, sus manos, su torso grueso como el de una abuela; y yo pensaba, esa es la mujer que movió a todo este mundo.

A mi mente vinieron los maestros del teatro independiente de mi país y del mundo que había conocido desde mi más temprana infancia teatral, aquellos mesías (algunos) y padres (lo más), y la reconocí como parte de esa tradición de la compañía de teatro de mundo, de viaje, de varios hombres, mujeres y culturas, y por supuesto la amé con mi recuerdo y su presente, como gente de teatro que soy y como huérfano de padre y maestro que en ese tiempo me sabía. (1)

El DVD "Le Dernier Caravsérail. Odysées" es una version filmada, dentro de la escena teatral pero editada como imagen cinematográfica, que la Mnouchkine acostumbra hacer con cada una de sus puestas, tal vez no con la misma fuerza que se logra en la vida real pero como un producto que se convierte en un hermoso ejemplo de lo que se vivió en ella. Puedo hacer uso de mi sentido crítico al verla (seguro pasará), pero prefiero disfrutarlo primero como si alguien hubiera editado los recuerdos de uno de los más excitantes y bellos momentos de mi vida.





(1) Antonio González Caballero, mi padre espiritual y maestro, había muerto en mayo de 2003.


1 comentario:

  1. Yo nunca he podido ver una representación de Teatre du Soleil ¡Qué envidia! siempre me encantó la estética de sus fotos, de esos vestuarios y la filosofía de su trabajo. Hice, hace muchos años, u curso de iluminación con Carlos Obregón ( si no recuerdo mal era guatemalteco), por aquel entonces uno de los técnicos del Soleil, fue una experiencia maravillosa. Una vez más un apunte que me ayuda. Un abrazo, Jesús.

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