martes, 22 de febrero de 2011

Taller de Danza Butoh con Jocelyne Montpetit: Primera sesión

Jocelyn Montpetit bailando en Bélgica.

                                                                                            

Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno estuvieron en el taller de hoy, junto con Jocelyne Montpetit: todos nos hablaron del Butoh y contaron sus historias; nos pidieron volver a ser niños de 5 años, nos pusieron colas de animales, nos metieron serpientes en el cuerpo y nos transformaron en nidos de aves.

Jocelyne Montpetit llegó (viniendo de Québec y pasando por Francia) a Japón en los años 80, en el momento de la explosión internacional del Butoh. Ahí trabajó con un grupo heredero de Hijikata que, en poco tiempo, la llevó a él, maestro del lado oscuro del Butoh. Hijikata le mostró su último año de vida, sus conclusiones de una enorme carrera en la vanguardia japonesa y sus dudas; también le transmitió su complicado trabajo técnico. Años después, Jocelyne se encontró con Kazuo Ohno, lado claro del Butoh; él le abrió, como a todos, su vida y sus anécdotas, sus dudas filosóficas y su creencia en un dios, así entonces le proponía danzar, esa fue la técnica que le transmitió.

Jocelyne, hija de esos maestros, habla de ellos como de ella misma, y de aquellos otros que le han mostrado también un camino. Habla de todos pero su enseñar es simple: no nos pregunta nuestros nombres, no nos juzga; explica prácticamente el ejercicio a venir y nos pide movernos, repitiendo una, dos o tres veces el mismo ejercicio cuando ve algo que le recuerda detalles que los maestros reconocían como motivo de un comentario.

Los talleres de Butoh son de lo más especiales en el campo de las artes escénica, pueden tener cualquier camino, en el Butoh pareciera no haber mucha uniformidad, pero al final la hay. Sus fuentes primarias están en el cuerpo del bailarín. No hay Butoh sin honestidad. Hoy con Jocelyne la honestidad se encontró a través del uso de las imágenes, en la honesta manera de seguir el impulso de esas imágenes en nosotros: ser la imagen y no hacer la imagen o actuar la imagen.

Hay una postura básica, tomada en base de Hijikata pero suavizada por ella, más cercana a la postura de las artes marciales: separación cómoda de los pies, rodillas semidobladas y columna derecha; respiración dirigida a la columna vertebral. Esa postura se revisa, se camina, se desplaza, se mueve, se libera de la dirección de la mirada, se transforma a través de "el arriba" y "el abajo", desplazándose rigen al movimiento fuerzas que nos elevan o nos atraen al suelo, que levantan nuestros dedos junto con todo el cuerpo, o que atraen la cadera al suelo llevando con ella todo nuestro ser. La postura sigue presente, pero fuerzas nos empujan hacia enfrente mientras nosotros ejercemos resistencia, el desplazamiento continúa, entonces tenemos 5 años de vida, y seguimos desplazándonos, sin perder las posturas y las reglas de fuerzas encontradas; repetimos una y otra vez, evitando actuar, entrando a las imágenes de esos 5 años que mueven a cada uno. Ver a la mitad del grupo desplazándose así, enseña, nos muestra lo diferentes que somos, los mundos que cada uno tiene con la imagen de un cuerpo que vivió a los 5 años. Todos tuvimos cinco años... todos habremos de tener un futuro. Nuestro material está ahí, nos dice Jocelyne.

La música con arias bellísimas inevitablemente transforman la calidad del movimiento, el ritmo.

Entonces, nos hace desplazarnos con una enorme cola que surge del final de nuestra columna; no es impuesta, es nuestra cola, tiene nuestros huesos, es parte de nuestro cuerpo. Nos desplaza a una lado y a otro, sintiendo esa cola, pudiendo tocarla; y caminamos escuchando una música latina repetitiva y festiva. Repetimos una y otra vez aquél desplazamiento, lo hacemos en grupo, a veces la mitad, a aveces la otra mitad, mirando a la cola y después mirando a un público espectador, al frente; seguimos las reglas del desplazamiento, pero disfrutamos la cola de animal, somos un tanto más animales nosotros mismos.

El desplazamiento ha terminado.

Una serpiente entra a nosotros y nos mueve, ella, no nosotros. Jocelyne lo explica mientras lo realiza. Le veo un gozo mezclando en su gestualidad facial. Tal vez sea esa gestualidad neutra que surge cuando realizas estos ejercicios, aquella que sorprende al observar a todos los grandes bailarines de Butoh en escena y que al final es solo eso "neutralidad".

La serpiente entra a nosotros y mueve el cuerpo; no es fácil, implica algo más que honestidad, o una honestidad que aún debemos de descubrir. Algunos de nosotros jugaron a ser serpientes, otros sólo actuaron la serpiente, otros se creyeron serpientes, otros tal vez si tuvieron la serpiente dentro que movía su cuerpo, no lo sé; repetimos tres o cuatro veces el mismo ejercicio. En los dos últimos Jocelyne aceptó una posible interacción entre nosotros, ser conscientes de las oportunidades de estar en grupo y del espacio mismo. Yo sentí una serpiente, a veces dos, a veces me distraía por un desequilibrio, a veces descubría que mi serpiente había crecido y en vez de estar en mi cuerpo me envolvía en él.

Hasta este momento de la sesión nadie ha hablado, todo ha sido un continuo monólogo de anécdotas e indicaciones, de correcciones muy pocas veces dirigidas al grupo y más bien al "nosotros" incluyéndose ella. La dudas que nos vienen por su continuo uso de palabras francesas o con pronunciación muy francesa hablando inglés no son más que preguntas al compañero para corroborar si la palabra que escuchamos de ella era la que ella había dicho. Jocelyne en momentos se disculpa de su falta de claridad, en momento busca la palabra en inglés y si no la encuentra la dice en francés. Insisto, no afecta, la escuchamos.

Todos aquello nos preparó para lo que Jocelyne llamó "improvisación de la metamórfosis": caminando en un bosque descubrimos un nido de pájaros con huevos y pequeños pájaros dentro, nos llama la atención hasta el grado de obsesionarnos (esa fue la palabra que usó); tomamos el nido y caminamos con él aumentando nuestra obsesión por cuidarlos, observarlo y atenderlo; en algún momento de nuestro caminar somos el nido, nos metamorfoseamos en ese nido.

Transformarse podría ser una palabra similar, derivada de ella, pero "metamórfosis" (ella la usaba en francés) se convierte en una exigencia mucho más clara, en poesía: Jocelyne habló de un acto poético.

Repetimos la improvisación, siempre con música, buscamos en la segunda oportunidad de metamorfosearnos en mayor profundidad. Según Jocelyn el punto de referencia para saber nuestro grado estará en nosotros en nadie más.

Comenzó entonces a hablar como parte del final. Fue ahí que nos contó las historias de los maestros, de sus orígenes, de sus técnicas, de sus vidas, de sus encuentro con ellos, de la metamorfosis misma; pidió por primera vez comentarios o preguntas (¿quién quiere hablar después de ésto?) y sí, algunos comentaron y algunos preguntaron; ella siguió su conversación sobre los maestros y nos dejó ir.

Los talleres de Butoh son suaves y afables, pero el compromiso que implican nos hace gastar una gran cantidad de energía; uno queda "extrañamente" cansado porque a la vez nos sentimos  profundamente satisfechos. Espero con ansia la segunda sesión... Quiero usar mis recuerdos corporales, mis propias imágenes, explorar otra metamorfosis y escuchar más historias de aquellos que lucharon por ser libres en una dictadura de tradiciones.

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