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martes, 2 de noviembre de 2010

Imágenes de Muñecos de Teatro de Sombras de la Revolución Cultural China.

Aún cuando mi vida en China me llevó a su teatro de sombras y el estar en el oriente a todo el teatro de marionetas de la región, no me considero ni siquiera un espectador aficionado de estos tipos de teatro; al verlos y reconocer su importancia comencé a recopilar cuanto veía o leía y a compartirlo, y de alguna manera he aprendido a disfrutarlo, pero nunca me consideraré un estudioso del campo, sólo un hombre con suerte que ha podido estar cerca de algunas fuentes y obtener material. 

He recibido una petición para que hable sobre el teatro de sombras durante la Revolución Cultural  en China y por qué no desapareció durante ese periodo; no tengo mucho qué decir sobre ello, pero poseo algunas imágenes y textos que ilustran que lo que sucedió al teatro de sombras chino fue similar a aquello que sucedió con la ópera tradicional misma: una transformación, una modernización y una síntetización de sus elementos dirigida a la exposición de los "ideales" de la nueva sociedad comunista china.

La primeras adaptaciones oficiales se dieron en 1969, con Shajiabang, la Ingeniosa conquista del monte Tigre y La Linterna Roja (1) y continuaron con la adapatación (o prácticamente la imitación total) de las 8 obras modelos reconocidas (o creadas) por el gobierno chino y el ministerio de cultura (2). De todo ello ya he hablado en mis anteriores entradas sobre el tema.

En mi visita al teatro (destruido en 2009 y hoy ya reconstruido) de la compañia Longzaitian en Beijing en el año 2008, pude corroborar en su museo la existencia de muñecos representando chinos revolucionarios y en especial miembros de las guardias rojas y del ejército del pueblo:

Muñecos representando guardias revolucionarios en el museo de la compañía Lonzaitian en Beijing. (2008)

Muñecos representando guardias revolucionarios en el museo de la compañía Lonzaitian en Beijing. (2008)


La mayoría de los maestros y compañías debieron adaptarse a las nuevas medidas o morir; dejando atrás las historias tradicionales y sus personajes, así como la música y coreografía de movimientos, sin embargo ello permitió la continuación de la tradición en la mayoría de los maestros marionetistas. Muchos de los materiales originales debieron ser destruidos o escondidos por seguridad de sus propios dueños, y sólo hasta la apertura de China después de la muerte de Mao y la destitución de "la banda de los 4" miles de piezas fueron recobradas y se impulsó la recuperación de técnicas y manejos.

Tristes historias de muerte de la tradición se han recreado en el cine chino, en especial Huozhe (To Live en inglés; no conozco el nombre dado a la película en español) donde el personaje masculino principal adquiere la tradición del teatro de sombras y trabaja durante la revolución comunista china para entretener a los soldados, y es durante la revolución cultural que su pasado aristocrático y su tradición de teatro de sombras lo ponen al borde de la muerte, debe quemar sus muñecos y todo su material para salvarse. Sin embargo su caso ilustra una parte que, tristemente real, no fue la suerte de todas las compañías de teatro de sombras.

Aquellos que continuaron la tradición a  través de la adaptación fue la mayoría, como hoy mismo lo hacen en la China moderna usando la tecnología y recreando historias occidentales o contemporáneas, como una simple cuestión de sobrevivencia.

Según Wei Liqun (quien tiene un libro traducido al español por la editorial china Ediciones en Lenguas Extranjeras, "Sombras Chinescas"): "Los modelados de sombras chinescas (durante la Revolución Cultural) fueron creados básicamente teniendo en referencia a los personajes de estas "óperas de Beijing", con adornos y vestuarios de las figuras de sombras chinescas, en procura de acercarse a la imagen real de la vida."-y que al final era lo que hacían las obras modelo revolucionarias.-

Así mismo se adquirieron nuevas técnicas y materiales para la creación de la marionetas, como por ejemplo el plástico para las cabezas.

A continuación muestro imágenes del libro de Wei Liqun con muñecos creados durante los años de la Revolución Cultural. Al agrandar las imágenes podrán ver mejor los detalles y las leyendas en cada imagen.








(1) De todas estas piezas hay referencias en mis entradas anteriores sobre la Revolución Cultural China.
(2) Ver en especial las entradas referentes a Jiang Qing (Madame Mao).

sábado, 31 de octubre de 2009

Opera de Pekín: 红灯记 "La leyenda de la linterna roja". Una ejemplo de la transformación de la ópera tradicional a la ópera de la revolución cultural.




红灯记 "La leyenda de la linterna roja", es una de las 8 piezas modelo de la Revolución cultural china, y quizás una de las más famosas; sus canciones se siguen cantando en los hogares chinos y sus imágenes han cruzado el mundo y se mantienen como 
íconos de la misma revolución cultural maoísta. (1)

Como parte de los eventos que conmemoran en este 2009 los 60 años de la fundación de la República popular de China, se llevaron a escena decenas de óperas relacionadas con la historia de esta última etapa de gobierno en China, así que las óperas de la Revolución cultural no podían faltar. Para mí era una verdadera oportunidad para comparar la puesta con aquellas que había visto desde hace 4 años, las llamadas óperas tradicionales, además de sumar mi experiencia como espectador a varias películas y ballets que he podido ver en relación a los años 60 y 70 chinos.

Independientemente del tema, el surgimiento de un revolucionario comunista chino común como heredero de las luchas de los padres, la obra es un claro ejemplo de los avances o cambios que se dieron en la estructura de la férrea tradición de la ópera de Pekín hasta ese momento.

Para una introducción y panorama general sobre las obras de la revolución cultural remito al lector a mi entrada del 10 de febrero de 2009: La revolución cultural y el cambio en las artes escéncias chinas.



En esta entrada me gustaríaM sólo exponer brevemente aquellos cambios y elementos característicos que los chinos consideran esenciales en "La leyenda de la lámpara roja" y trataré de ejemplificarlos con algunas escenas que pude grabar de la función del 11 de julio en el teatro Chang'An:


- La absorción del realismo para la puesta en escena y la estructura escénica. Primeramente el uso de una historia contemporánea a la China de los años 60, refiriéndose al pasado (20 años atrás solamente), el momento de la invasión japonesa de los años 40, para explicar la existencia de un espíritu revolucionario y nacionalista de los hijos de la nueva república en la China de los años 60. Vestuario, maquillaje, escenografía, todo debía transformarse; un enorme cambio a los ojos de los chinos pues siempre se habían visto las óperas con toda una elaborada codificación tradicional tanto en vestuario como en maquillaje (2), mientras la escenografía era prácticamente inexistente. Un cambio que se había dado de alguna manera en el cine que al transportar las óperas a ese medio sufría una transformación "realista", pero no en el caso de la escena teatral.

En el siguiente video el personaje central Li Yuhue, entra a un restarante donde se preparan fideos; los comensales actúan de una manera parecida a la realidad, no hay formas de declamación entre ellos ni exageradas maneras de comunicarse; todos realizan sus acciones en un estilo realista, escuchando, comiendo, o sirviendo comida y atendiendo como en el caso de la mujer. Me recuerda escenas de puesta en escena del teatro realista ruso.





- Manteniendo el uso de la acrobacia como medio escénico para expresar una batalla, el uso de nuevas armas (rifles, pistolas, etc) y uniformes (no trajes amplios y pesados, ni zapatos altos) provocó también una transformación en las coreografías acrobáticas; algunas con mucha más acción y a mi parecer en el caso de esta obra con unas de las mejores que he visto montadas.



- El actor mantiene su coreografía de movimientos tradicional pero adaptada a la escena contemporánea. Un ejemplo maravilloso es la escena en la que el héroe Li Yuhue se enfrenta al villano japonés y en todo momento su furia y canto se nutren de la tradicional manera de trabajar en la ópera tradicional.



- Hay un cambio que es difícil de mostrar, el uso de la música contemporánea, utilizando ahora una gran orquesta (en esta función las piezas de gran orquesta estaban pregrabadas mientras se utilizó una pequeña, usando instrumentos tradicionales chinos y modernos). El video que publico muestra un pequeño momento de la orquesta que tocaba en esa función del Chang'An el 11 de julio, verán que no es la clásica tradicional de la ópera de Pekín, y por otro lado escucharan que hay una música instrumental que ellos no están tocando, pues las piezas de la gran orquesta fueron grabadas. Impensable en ninguna opera tradicional anterior.





- El uso de diferentes aditamentos dentro del vestuario que más que evolucionar se transformaron, por ejemplo en el caso de esta ópera, mientras en la ópera tradicional los héroes manejan "las mangas de agua" (extensiones de las mangas en su vestuario que les permite realizar figuras, movimientos y demás acciones con ellas) aquí el personaje principal, Li Yuhue, sin ese tipo de mangas debido a su vestuario realista, maneja las cadenas que lo atan en una muy interesante transpolación, creo yo. (3)




- La adición de música fuera del libreto musical; en éste y prácticamente en todos los casos de las piezas modelos de la Revolución cultural, es la inclusión de "L'Internationale", el himno comunista, en los momentos de mayor fuerza dramática, en este caso cuando los personajes deciden ir hacia su muerte estoicamente.




- El final con alguna danza como en muchas operas tradicionales se mantiene pero evidentemente toda la modernización de objetos y escenografía le da la posibilidad de un enorme golpe de proyección del nacionalismo chino y al final, mostrar la pieza como lo que era, un producto de propaganda del más alto nivel artístico. El público estaba en la apoteosis y lleno de fuerza y alegría, creía ver en sus caras el recuerdo de años de hambre, de soledad internacional, de temor político y del único sustento de vida y fuerza que les daba el teatro, el nacionalismo revolucionario comunista.





红灯记 "La leyenda de la linterna roja", puede en momentos parecer ingenua y de una calidad dudosa en su actuación, pero dentro del contexto de su creación y uso durante los años de la Revolución cultural china es una verdadera joya, y desde mi punto de vista uno de los más claros ejemplos de un intento exitoso de romper con una tradición que había vuelto una rareza antropológica a una expresión escénica.







(1) Una ópera china, a diferencia de la ópera occidental, nunca es vista solo por el canto o la música (la partitura) si no por el montaje que la conlleva. Las puestas en escena de una ópera de Pekín varían muy poco entre ellas, cuando se ve una hoy se está viendo prácticamente la misma producción que la estrenó. Por ello las imágenes icónicas de las óperas modelo de la Revolución cultural.
(2) Aún con cierto varios intentos de modernismo realista en los años 20 y 30 que habían sido vistos como excéntricos o snobs.

(3) Pueden ver un ejemplo de movimientos de mangas en un video de la más famosa opera Kunqu, Mudanting: http://www.youtube.com/watch?v=2bl6xjCXWsM

jueves, 5 de marzo de 2009

Documentos fílmicos sobre Jiang Qing en los años 70.



Continuando sobre mis entradas dedicadas a la Revolución Cultural en China, comparto ahora dos extractos del documental "Mao. Une Historie Chinoise" (escrito por el investigador norteamericano Philip Short y realizado por el director francés Adran Maben), en él nos presentan documentos fílmicos oficiales chinos y algunas entrevistas con testigos de los acontecimientos de aquella época y en un capítulo especial en referencia a Jiang Qing, esposa de Mao y una de las figuras más controvertidas y contradictorias de la historia de China en los últimos tiempos.

Como ya he expuesto en las entradas anteriores, Jiang Qing fue considerada durante avarios años la promotora de la revolución cultural en las artes escénicas, y es después de la muerte de Mao que todo cambia, incluyendo la manera de ver los acontecimientos en China; la historia se reescribe y ella es sino borrada sí menospreciada, ridiculizada y atacada por todo los medios posibles. Madame Mao viene a ser un epíteto ridiculizante en occidente.

Los dos extractos están en francés y en chino, pero lo valioso del documento nos obligará a hacer un esfuerzo para comprenderlos. Trataré de ayudar en algo.

El primer video es un pequeña parte del documental oficial sobre la visita que hizo a China en 1972 el presidente norteamericano Richard Nixon, y cómo Jiang Qing le preparó una función especial de uno de sus ballets revolucionarios más famosos "El destacamento rojo de mujeres".




El segundo extracto, mucho más interesante a mi parecer, es un recuento de los últimos momento políticos de Jiang Qing después de la muerte de Mao con algunos testimonios de personas que estuvieron cerca de ella o la conocieron.

El primer testimonio es de una mujer que con bastante sinceridad habla de las reacciones de gusto y satisfacción ante el anuncio de la detención y próximo enjuiciamiento de madame Mao, gusto y satisfacción que se debían a un odio enraizado en mucha gente debido a su comportamiento mientras detentaba el poder.

El segundo testimonio es el de su ex-secretario particular, hombre que a mi parecer expresa no su recuerdo sino aquello que se debe recordar; es muy curioso que sus palabras sean similares a cuanto se puede leer oficialmente de cómo era Jiang Qing. incluyendo un tono irónico y ridiculizador; habla de su intolerancia, de su megalomanía, de su ridiculez, de su falta de talento, de su deseo de ser reina de China (sic), y todo ello aparece en los artículos oficiales que la atacaban y fomentaban su desprecio.

El tercer testimonio es el de un norteamericano con una curiosa historia: siendo un ferviente creyente de la revolución comunista emigró a China en los años 50 y tuvo la oportunidad de encontrarse con Mao en algunas ocasiones, sin mebargo esa cierta cercanía no le evitó ser encarcelado (por muy curiosas razones del destino) en dos o tres ocasiones, la última de ellas en 1976 cuando Jiang Qing fue llevada a la cárcel; él cuenta cómo la escuchó "declamar" ciertas frases de apoyo leal a Mao, y cómo después se escuchaba la algarabía del pueblo que llegaba en ordas a Pekín para celebrar la detención; en otro dato curioso, él también hace un comentario irónico sobre Jiang Qing, burlándose de ella y después de imitar las frases de lealtad a Mao, dice que era muy mala actriz y que declamaba esas frases pésimamente.

Posteriormente viene el juicio que fue televisado mundialmente (tengo algunos recuerdos de las notas de los noticieros de televisión en México), ahí vemos a una Jiang Qing degradada y humillada, defendiéndose y gritando a los asistentes que ríen ante cada una de sus frases: - "¡Yo fui la única mujer que estuvo con Mao durante la guerra, la única!", y después despreciante les pregunta, -"¿Quien fue con él? ¿dónde estaban ustedes?"-. Jiang Qing fue condenada a muerte, pero al final recluída de por vida; murió de un aparente suicido a principios de los años 80.



Después de la lectura del artículo de la revista "China Reconstruye" en una entrada anterior de este Blog, ver estas imagenes, las imágenes reales y escuchar las palabras de Jiang Qing defendiéndose, y en especial oír y ver la ridiculización que hacen de esas palabras los espectadores en la sala de juicio y sus testigos, descrubro una vez más lo terrible que es la manipulación del pueblo, de la información, y de lo monstruoso que es el poder cuando se ejerce, y más aún lo terrorífico que es cuando se revierte en tu contra.


viernes, 27 de febrero de 2009

"¿Qué hizo Chiang Ching (Jian Qing) en arte y literatura?" Un artículo de la revista "China reconstruye" de mayo de 1977





La última visita a México, tan pequeña como fue (9 días), me dió sin embargo una gran cantidad de material de trabajo, desde las entrevistas con Guadalupe Durón sobre el Método de Actuación de González Caballero hasta el impulso de escribir al fin aquellas entradas dedicadas a las artes escénicas durante la Revolución Cultural en China. Ese impulso lo recibí cuando haciendo limpieza de mis antiguas pertenencias descubrí una revista que de niño mi hermana me había traído de un viaje a China que realizó cuando era gimnasta del equipo nacional mexicano, en 1977; el nombre de la revista era "China Reconstruye" y el número nada más ni nada menos estaba dedicado a la nueva puesta en escena de una de las últimas obras revolucionarias modelo, la ópera "La Muchacha de los cabellos blancos" (existe también un ballet con el mismo nombre), e incluye un enorme artículo sobre Jiang Qing (Chiang Ching es escrito así en esa época en un diferente "pinyin" del mandarín), la esposa de Mao que había sido encarcelada en 1976 y que esperaba un juicio sumario.

El artículo es profundamente esclarecedor sobre la situación en China en aquellos momentos, y en especial sobre la situación cultural, en la necesidad de poner orden o de ordenar las cosas de otra manera en ese rubro. No se necesita conocer mucho de la manera de escribir del periodismo chino para darse cuenta que es una manipulación de la historia en un momento de cambio, lo que antes era bueno y respetado ahora era malo y debía ser minimizado, ridiculizado, y cambiado de manos. En este artículo podemos leer cómo el destino histórico de Jiang Qing ya ha cambiado y cómo China vive la nueva versión de los hechos, de la historia, la versión de aquellos que la derrocaron y de aquellos que la odiaban.

Las verdades en estos lugares del mundo se ocultan en multitud de capas engañosas, multitud de máscaras, multitud de subtextos y en momentos, peligrosamente, podemos dudar incluso de nuestra personal experiencia de los hechos y por lo tanto de nuestra propia verdad... Ese es también un legado de la China "sabia" y milenaria.

He escaneado totalmente el artículo y ustedes pueden leerlo haciendo click en las imágenes de cada página de la revista, aparecerá entonces en otra página de internet una foto de tamaño bastante adecuado para leer el artículo como en su original.










martes, 10 de febrero de 2009

La Revolución Cultural y el cambio en las artes escénicas chinas

“Somos el ejército de los trabajadores y campesinos.
Venimos a la montaña a aniquilar a los reaccionarios
y a cambiar el mundo.”
*






Hubo una época en China en que la revolución política se ligó al sueño artístico y la renovación de las artes escénicas tradicionales, tan severamente retenida por siglos en la cultura oriental, fue liberada y realizada, la era de la China comunista de Mao.

Cientos de años hubo que esperar para que se dieran algunos cambios en la estructura de las piezas, para que nuevas formas llegaran a establecerse en la tradición escénica china. Mei Lanfang, el artista de ópera china más reconocido de toda la historia, fue también reconocido como un innovador pero muchas de sus innovaciones quedaron varadas en el camino por considerarse ineficaces para el fuerte y tradicional gusto escénico chino. Él y el investigador teatral Qi Rushan se entablaron en un compromiso por la modernización y el encuentro del teatro tradicional chino con el teatro occidental, y su posible aportación a la escena mundial, pero la interrupción temprana de su colaboración, y una carrera política en la China comunista cerraron las puertas a Mei Lanfang para lograr ese cambio desde su perspectiva. No fue sino hasta los años sesenta del siglo XX en los sembradíos ideológicos de la revolución cultural que comenzaron a surgir verdaderas nuevas formas dentro de las artes escénicas chinas: en el ballet, en la ópera o teatro tradicional y en la música sinfónica.


Aquello que hoy (40 años después), desde la perspectiva de la llamada derrota del comunismo y sus ideales sociales y culturales, ridiculizamos y definimos como kitch, como maniqueo o como simple propaganda política, fue un parteaguas para las artes escénicas chinas en el contexto de su revolución comunista, fue un experimento de destrucción y asimilación, de renovación y purificación, de cambio, fue una revolución que envolvió en su totalidad al arte escénico de aquél país.

La centralización del poder en la china maoísta y los lineamientos de la nueva cultura revolucionaria limitaron en gran medida el cambio soñado por muchos y al final sólo unas cuantas, sino una sola línea fue la preponderante, aquella marcada por Jiang Qing (mejor conocida en occidente como “madame Mao”) y por el grupo de intelectuales que se situaban con ella en el poder.




八个样板戏. Las 8 piezas modelo.



Apenas instaurada la China comunista el nuevo gobierno comienza a dictar caminos para la trasformación de las artes escénicas tradicionales chinas; se habla entonces de una transfromación ligada a las masas populares y a la que se unen artistas de todas partes. El 2 de octubre de 1949 el Ministerio de la cultura crea una comisión de reforma del teatro tradicional para dirigir la evolución del teatro clásico en todo el país. Los cambios son lentos, como todo en China, pero poco a poco van afectando a las capas más importantes de su estructura teatral. (1)

Es en los años anteriores a su desaparición de la escena política que Mei Lanfang había expresado cierto reparo en aquella línea en que se estaba conduciendo la cultura en China, y en especial en las medidas restrictivas hacia varios de los temas tratados en las óperas tradicionales y sus posibles cambios de contenido y forma. En una entrevista en la ciudad de Tianjin al diario Tientien Mei se expresaba de ésta manera: “La reforma de la ópera de Pekín, no es de ninguna manera algo fácil... Yo creo que la reforma ideológica y la modificación técnica no son de la misma naturaleza, y no hace falta meterlas dentro de un mismo saco”. Usando un simbolismo propio de los movimientos de la ópera de Pekín continuaba: “Se dice que la modificación de los desplazamientos debe ir a la par con una reforma global de la forma, (pero yo creo) que la reforma teatral de hoy debe modificar los deplazamientos sin que la forma en sí misma cambie(2)

Ésta y otras declaraciones de más detalle sobre los posibles cambios dentro de la estructura ideológica (de contenido) y técnica (de forma) de la ópera de Pekín suscitaron tal controversia que fue llamado a cuentas por los órganos del gobierno y cuestionado por estudiosos ligados al poder. Así, días después el mismo Mei Lanfang, tuvo que cambiar sus conclusiones expresadas anteriormente: “Se trata de una cuestión de contenido y de forma. Lo que yo he declarado en Tianjin es que el cambio (ideológico) no debía modificar la forma, pero después de las discusiones con los maestros Ma Shaobo, Tian Han, Aying y Ajia, he convenido que esa idea mía era un error. Ahora yo comprendo que el contenido y la forma no pueden separarse, la primera determina la segunda...(3) Muchos consideran que esa fue la muerte política de Mei Lanfang, como revolucionario negado a la revolución por venir. De cualquier manera Mei tuvo la grandísima suerte de morir en 1966, y permanecer como héroe y tesoro nacional chino, y así no ser manchado en las tempestades de la revolución cultural.


La ópera de Pekín habría de cambiar en sus temas y personajes, en la inclusión de modernos instrumentos musicales, en los antes inadmisibles cambios en los tonos del canto, pero muy poco en movimientos y declamación, aún cuando se haya asimilado la idea del realismo para las escenas actuadas; se acabaría mucho de sus simbolismo en las coreografías y habría una destrucción de toda la mistificación del origen de los movimientos y de las posturas. Las tradicionales y características arias de la ópera de Pekín mantendrían su importancia dentro de la estructura del espectáculo ( y demostraron ser importantísimas para la expansión y popularidad de las piezas, repetidas por doquier como lo son ahora las canciones pop), pero no así las partes declamadas, que ahora estarían confinadas a la técnica realista de actuación, en la búsqueda de un acercamiento mayor con el espectador-pueblo (utilizando la experiencia del "realismo socialista"). Un repertorio de miles de piezas de todo tipo se reduciría a 13 y posteriormente a sólo 8 piezas denominadas "obras revolucionarias modelo" o 八个样板戏 (bā gè yàng bǎn xì), 5 de ellas eran óperas o teatro con canto, en realidad una modernización de la ópera de Pekín. La reducción a éstas 8 obras no significaba el bloqueo a una repetición muerta de las msimas, sino una inspiración, un modelo para ser "copiado" en su estructura y personajes; a pesar de la dificultad "politica" que significaba crear una adaptación de alguna de ellas (temor a perder todo por un error ideológico, por ejemplo) surgirían en los siguientes años adaptaciones a lenguas locales y adaptaciones al cine y a la televisión.

Jiang Qing en un film de los años 30.
Madame Mao, ex actriz (algunos la llaman actriz fracasada) e ideóloga de muchos de los movimientos atrás de la política cultural de su esposo, Mao Zedong, habría de ser la detentora de aquellos cambios en el teatro chino. Hoy todavía vista como un monstruo, habría que retomarse un análisis de mayor profundidad y objetividad sobre aquellos cambios que impulsó dese su postura gubernamental en la escena china y sobre aquellas obras que acostumbraba denominar: “mis óperas modelo”.

El 24 de mayo de 1967, un año después del inicio de la revolución cultural, el periódico del Pueblo publicó la promulgación de las obras modelo o yangbanxi que serían representadas públicamene en Pekín a partir de ese día. Eso significaba que a partir de ese momento todo espectáculo o evento escénico debería seguir los lineamientos (sino copiar) las piezas publicadas. Todas las operas (cinco hasta ese momento), los ballets (dos) y una pieza sinfónica habían sido creados con un impulso creativo “revolucionario” antes de la revolución cultural, entonces fueron escogidos por el equipo de Jiang Qing, revisados y “perfeccionados” de acuerdo a los nuevos lineamientos. Jian Qing era entonces y para todo el mundo la creadora de todas las piezas. (4)


Las 8 piezas modelo (5):

ópera La Leyenda de la Linterna Roja 红灯记 (Hongdeng ji)
ópera Shajiabang 沙家浜 (Shajia bang)
ópera La toma de la Montaña del Tigre 智取威虎山 (Zhiqu Weihushan)
ópera Barriendo el regimiento del Tigre Blanco 奇袭白虎团 (Qixi Baihutuan)
ópera En el puerto 海港 (haigang)
obra sinfónica Shajiabang 沙家浜 (Shajiabang)
ballet El destacamento rojo de mujeres 红色娘子军
ballet La muchacha de los cabellos blancos 白毛女

Posteriormente se añadieron (entre otras):

ópera La Montaña Azálea 杜鹃山
ópera Batalla en la llanura 平原作战
ópera El destacamento rojo de mujeres 红色娘子军
ópera La muchacha de los cabellos blancos 白毛女






La revolución cultural era una guerra contra todo aquello que recordase o hubiese heredado la tradición feudal y burguesa de China imperial y del mundo. El punto básico de acción era el ataque dirigido por Mao, y promulgado en el Congreso del partido comunista chino por Lin Biao el 18 de agosto de 1966, hacia “los cuatro viejos”, la eliminación de “las viejas ideas, la cultura, las costumbres y los hábitos de la explotación de clases(6). El teatro y las artes escénicas estaban inevitablemente incluidos en esa lucha.

Más allá de una simple reacción impulsada por una revancha personal (debido a su pobre carrera como actriz) como muchos han denominado y minimizado las acciones de Jiang Qing, la revolución cultural dentro de las artes escénicas estaba a su vez basada en una profunda convicción ideológica sobre el papel del arte y los medios de comunicación en la actitud política y social de las personas comúnes. Aquél cambio además de la escena, significaba un total cisma en su estructura social: directores, productores, críticos, dramaturgos, actores, público, todos debían ser transformados o removidos dependiendo de su utilidad, de su disposición o de su herencia burguesa asimilada. (7) El objetivo cultural estaba en reeducar al pueblo a través de nuevos héroes e historias, de crear una nueva mitología que envolviese toda la vida "espiritual" de las masas, las artes escénicas eran un medio ideal pero un medio complicado de transformar debido a su férrea estructura tradicional, si éstas podían ser transformadas entonces toda la cutlura china podía serlo.

Evidentemente la personalidad, la ambición y detención del poder por parte de Jiang Qing (8) crearon una cacería de brujas similar a la que ocurriría más tarde en las calles de toda China con los guardias rojas. Desaparecidos y muertos se daban en todos los ámbitos de las artes y en algún momento la definción de las piezas modelo se convirtió en un resguardo de órden en medio de aquél terrible caos. En el colmo de las contradicciones biográficas de los derrotados, las historias sobre madame Mao y su gusto por las películas norteamericanas (adoraba Lo que el viento se llevó, por ejemplo) la convirtieron después de la muerte de Mao en un cúmulo de todos los vicios; todos tenían algo qué decir en su contra y lo expresaron. Cuando Qing fue acusada de formar parte de la “banda de los cuatro” y haber usado su poder “engañando” a Mao, su contribución a la creación del teatro de la revolución cultural fue confinada al olvido y a la degradación. (9) Es claro que esa "contribución borrada" se vuelve a su vez causa de mayores inexactitudes cuando se omiten todos aquellos que realmente trabajaron en la conformación de las piezas, aquellos que buscaron que el "efecto" deseado por las nuevas politicas sociales fuera logrado y que creyeron fervientemente en su resultado, es por eso que nuevos estudios como los de Paul Clark (ver nota de pié núm. 4) son de un inmenso valor para repensar toda una época de las artes escénicas en China.

El teatro de "estilo occidental" fue a su vez desplazado por las 八个样板戏 (bā gè yàng bǎn xì) quienes tomaron de él su estilo de actuación para las antes “declamadas” partes de la ópera tradicional; pero toda la rala y naciente estructura de ese estilo de teatro en China (no llevaba ni 50 años de existencia) fue borrada durante esos 10 años, la mayoría de sus escritores, directores y actores fueron destinados a limpiar los baños de los teatros o a ayudar en las granjas comunales donde "comprenderían lo alejados que estaban del pueblo real". Aquellos actores con los que trabajó Arthur Miller en su montaje de “Muerte de un viajante” en la Beijing abierta del ya lejano 1984, recordaban muy bien sus años de olvido y humillación, y en especial a sus compañeros muertos (10). Hay algunos datos referentes a un ralo trabajo de "teatro hablado", totalmente politizado proveniente de los equipos provinciales de las guardias rojas, además de algunos montajes aislados de piezas de teatro adaptadas de algunas películas "modelo".

Parecería que cientos de años de trabajo artesanal y artístico en la creación del teatro tradicional chino fueron destrozados con este pretendido cambio estructural, con la pretendida revolución cultural dentro de él, pero en lo personal tengo mis dudas del cambio total; y por lo tanto de la destrucción total; la transformación de la ópera obtuvo un cambio de estructura social, cierto, y eso significó un trauma terrible en los artistas, pero no así de la escena en un sentido completo, estaría más a favor de aquellos que hablan de la creación de un nuevo "estilo" o un "estilo moderno" de la ópera de Pékin. Cualquiera que viera ahora, sin concoer su historia, una de esas óperas y la comparara con las anteriores, las tradicionales óperas de Pekín, descubriría tal vez sólo una “modernización” en la capa externa. La famosa visión de "fondo" fue transformada en temas "revolucionarios" pero nunca un cambio real en la estructura de creación de personajes, nunca una renovación de la manera de crear sobre la escena, en todo caso fue una simplificación, menos trabajo haría falta para lograr construirlos. No fue la creación de un nuevo teatro, fue una "renovación", una "modernización utilitaria". Su éxito, es evidente, se debe a que los objetivos eran claros, los efectos a lograra y el grupo al que se dirigían estaban perfectamente definidos, sin embargo nadie pensó en arriesgarse a algo nuevo, si no en el cambio.


Tong Xuangling, uno de aquellos actores que vivieron la transformación y se hicieron estrellas en esa China revolucionaria, expresó que se logró un éxito en la modernización de la ópera debido a que " (...) tiramos lo viejo, la estructura tradicional de la ópera de Pekín, los patrones tradicionales de la ópera de Pekín, adheridos a leyes artísticas, y a través de la destrucción y la creación se encarnó la continuidad y el desarrollo. Transformación en el contenido requiere transformación en la forma" (ver nota al pié núm. 4). ¡Pero esa forma permaneció en su base! "la ópera de Pekín nunca dejó de serlo! Tal vez Mei Lanfang tenía razón en que ese cambio se podía lograr sin afectar la forma en sí; núnca sabremos si se refería al cambio dado después en la realidad o acaso si siquiera lo hubiera aceptado, pues se cortaba de tajo cientos de piezas, historias, caracteres y simbolismos. tan caros para un amante de la tradición. De cualquier manera ese miedo a perder lo ganado durante siglos y que llamamos tradición, a perder la forma tan bellamente lograda, fue excesivo, la forma del teatro tradicional chino era tan sólida, poderosa y necesaria que no habría podido ser olvidada o relegada al desuso aún en la peor y más ruidosa de las revoluciones culturales.

Nos dice Clark: "El resultado de todo esta experimentación fue una impresionante experiencia teatral que capturaba las delicias de la ópera de Pekín pero de una manera fresca y a través de caminos todavía desconocidos." (traducción del autor)

Y así mismo lo fue la predisposición del chino a la superstición; mucho de aquello “renovado” o “perdido” en las artes se retomó sin complicaciones después de la llamada apertura en 1976. Los actores han ido poco a poco retomando aquél sentido místico de su profesión, los rituales de inicio de función comienzan a ser cosa común tras las bambalinas de los teatros, y las habilidad técnica ha ido volviendo a tener su gloria anterior; las historias de las óperas han sido restituidas casi en su totalidad a excepción de algunas con ciertos temas “sensibles” para el gobierno chino actual; incluso los antes prohibidos hombres trasvestidos (personajes dan o de dama joven) han vuelto a hacer su aparición.

La educación de los actores del teatro tradicional no tuvo su cambio durante la revolución cultural sino años antes con la llegada de los comunistas al poder; muchos de esos cambios fueron una buena semilla para crear los nuevos actores de la óperas modelo. Ya había sido entonces prohibido educar hombres para papeles femeninos, se acabó la venta de niños a maestros que los explotaban (desde la destitución de la monarquía, incluso), así como las academias privadas, y se instituyó en algunas escuelas la asimilación del teatro realista (en ese momento del teatro del realismo socialista ruso); la democratización de la educación del actor fue patente y se había creado una estructura más o menos parecida aquella de cualquier otro conservatorio artístico de occidente.

Sin embargo, y eso sí es un gran peligro para su existencia como medio artístico, aquello que ha perdido el teatro tradicional chino (y el teatro de la Revolución cultural) desde 1976 es su inmensa popularidad. Hasta los años 80 el teatro tradicional y sus ópera modelo eran de una popularidad sin precedentes, herencia de esos años revolucionarios; con la apertura, esa popularidad ha caído a niveles alarmantes, el espectador chino actual no va al teatro tradicional, prefiere el cine o las comedias musicales de estilo occidental. Esto es un hecho incuestionable.



Ballets revolucionarios.

En la leyenda de la creación cultural china se cuenta que en 1963, el Primer Ministro Zhou Enlai vió el ballet "Notre Dame de Paris" representado por la compañía nacional de ballet de China, y aunque quedó profundamente complacido pidió al director de la compañía Li Chengxiang, iniciar la creación de un repertorio propio de la grandeza de la nueva China. Se dice entonces que Li Chengxiang pensó en adaptar una película de mucho éxito, 红色娘子军 (Hongseniangzijun) o “El destacamento rojo de las mujeres”. Filmada en 1961, la película habla de los eventos acaecidos a principios del siglo en la isla de Hainan, al sur de China, donde una mujer, humillada y vejada por su patrón, logra escaparse de la cárcel y unirse a un destacamento de mujeres comunistas que luchan por la libertad y la igualdad.


Este mito creado en la China abierta de Den Xiaoping sobre el nacimiento de los ballets revolucionarios chinos deja de lado los experimentos de otros muchos artistas que trabajaron en “actos escénicos revolucionarios” y que fueron deshechados por el poder y prácticamente borrados cuando se creó la teoría de las “obras modelo”. Muchas de esas exploraciones se han perdido totalmente en los archivos del pasado mientras otras sólo han logrado un pequeño capítulo en la historia de la danza y el ballet en China.

La efervecencia de la revolución comunista china y sus cambios sociales durante los años 50, la fantástica tradición de siglos en su arte escénico tradicional y la apertura a la adquisición de las técnicas artísticas occidentales promovieron fácilmente la creación de un ballet, único en su momento, con características verdaderamente nuevas para el país, formando así un nuevo y verdadero ballet nacional. En todo caso “El destacamento rojo de mujeres” será la semilla y punto de inspiración para otro ballet revolucionario “la muchacha de los cabellos blancos” y posteriormente de las llamadas 8 obras modelo con los que indudablemente el mundo identifica culturalmente a la China de Mao.


El ballet técnicamente parece no ofrecer mucho a la evolución del arte escénico mundial; sigue las reformas de coreógrafos y bailarines de todo el mundo de principios del siglo XX que unen técnica del pasado a la técnica del ballet contemporáneo; así mismo su estructura dramática no promueve ningún cambio mayor siendo un melodrama social heredero del realismo del siglo XIX. Hay ciertas combinaciones interesantes con las técnicas de movimiento de las artes marciales y la declamación de la teatro tradicional chino, además de los movimientos y expresiones comúnes utilizados por el ballet occidental. Sin embargo son un ejemmplo exitosos del llamado arte como propaganda; sus temas musicales, sus escenas de masas, y la fuerza que ideológicamente promueve en los espectadores creyentes en una “revolución social” es innegable. Este ballet como después lo serán las óperas siguen puntos concretos sobre creación de personajes, atmósferas, estilo, uso de la música y de la imágenes que caracterizaran a toda la producción china por más de 10 años. Nada puede ser más “tocante” para un espectador cercano al “socialismo” que escuchar el himno de la Internacional comunista con mujeres jóvenes, valientes, soñadoras, guerreras, enarbolando la bandera con la hoz y el martillo y con un enorme paisaje de montañas al fondo, o citando al periódico “China daily” en su nota sobre el reestreno del ballet en diciembre de 2007: "El destacamento rojo de mujeres" es una obra asombrosa. Las zapatillas de ballet vienen junto a bayonetas y uniformes del Ejército Rojo. (11)


Contrario a las óperas modelo, que funcionan ahora sólo como un hermoso recuerdo que cantan los viejos de la China actual, los ballets revolucionarios han corrido con mejor suerte, tienen una buena acogida tanto dentro del país como en el extranjero, y se han convertido en una especie de embajadores de la cultura contemporánea China, mostrando parte de su historia e identidad. (12)

En la última reposición del 2007, que tuve la oportunidad de ver en el recién inaugurado Centro nacional de las Artes, “El destacamiento rojo de mujeres” me pareció más que un evento artístico una clase de historia de la China comunista, una clase de historia del arte chino en la época comunista, acaso una estampa del pasado que vale la pena aguantar como espectador. Uno ríe del ridículo que emanan algunos movimientos y situaciones sobre la escena pero también uno se asombra de la fuerza de las imágenes, del trabajo y el esfuerzo creador en ellas, uno bien disfruta la musica y hasta el himno de la internacional (sí, lo disfruté y hasta lo tarareé un tanto divertido), pero cualquiera, creo yo, puede salirse antes del final sin sentir reparo.



Consideraciones finales

En los últimos tiempos las mesas redondas o foros abiertos (13) sobre el tema dentro de China han dejado ver un profundo análisis de los estudiosos de una parte muy difícil de su historia artística, ligada por sangre a su vida politica y social. Hay evidentemente una conciencia del papel destructivo del autoritarismo en el arte y un rechazo a una repetición del esquema cultural revolucionaro maoísta, pero de la misma manera se acepta que la mezcla con técnicas del occidente (el realismo, la escenografía) refrescaron en mucho la escena tradicional china, así como la posibilidad de ver un arte antiguo en su forma con temas e historias contemporáneas. Sin embargo el problema (más que palpable) es el shock provocado en el espectador y en el creador chino, éste golpe ha sido tan fuerte que no se permite ahora un seguimiento de esos modelos “revolucionarios” en la ópera y en su ballet en general, como lo remarqué anteriormente, esos cambios fueron gradualmente olvidados a partir de 1976 y se retomó o intenta retomar el camino anterior a la revolución, la era dorada de Mei Lanfang; pero la frescura se ha converido en reacción, en búsqueda de la tradición perdida y en un olvido real de la modernización del género. Los cambios actuales en la ópera son vistos como escándalos y exploraciones sin sentido, y regularmente caen en la ridiculización y minimización. La ópera tradicional china parece haber perdido su oportunidad de modernización o evolución, parece haber perdido una oportunidad revolucionaria también. Los nuevos géneros se expanden y los viejos quedan relegados a la funciones especiales y de recuerdo.

Los sueños de cambio aún realizados no siempre perduran.

La necesaria transformación se teme tanto como se le temía a principios del siglo XX, y la sociedad reaccionaria capitalista, dictadora del movimiento cultural en China, se niega a ofrecer un espacio que no sea el del producto vendible. Hoy por hoy los mayores cambios dentro del teatro tradicional chino son ver a sus actores en shows de televisión, cantando pequeñas canciones conocidas por todos enemdio de ballet baratos y realizando sketches, los actores jóvenes luchan por realizar una carrera como cantantes pop y los herederos de las grandes estrellas provocan escándalos por su falta de deseo de seguir la carrera de sus ancestros.

Hoy por hoy las óperas y los ballets de la revolución cultural son piezas caducas, divertidas e interesantes, pero desde mi punto de vista sólo con un posible valor antropológico...

Extrañamente tuve la misma conclusión al observar en ese mismo teatro a la compañía de danza de Martha Graham con aquellas famosas coreografías de los años 40 y 50 del siglo XX, que la hicieron inmensamente famosa en todo el mundo, pero eso por supuesto será motivo de otra entrada.






* Opera “La Toma de la montaña del tigre”.
(1)(2)(3) Fu Qiumin. "L’Art Théâtral de Mei Lanfang". Librarie You Feng. París, 1998. Todas las citas son traducciones libres por el autor del Blog.
(4) Para toda una detallada revsión de los cambios y el origen de cada una de las óperas modelo, ver el libro de Paul Clark,"The Chinese Cultual Revolution". Cambridge University Press.
(5) Según Xing Lu en su libro "Rethoric of Chinese Cultural Revolution”, las óperas modelos se rigen, usando a los personajes y sus canciones, por tres lineamiento concretos:
-descripción de héroes revolucionarios;
-intenso odio y carencia del sentimientos personales;
-un discurso politicamente correcto
(6) Roderick MacFarquhar and Michael Schoenhals. "Mao’s Last Revolution". The Belknap Press of Harvard University Press. London, 2006.
(7) Hay un curioso pero interesante artículo en internet de un miembro del partido comunista en Estados Unidos, sobre su posición ante las 8 óperas modelo, su utilidad para la revocuión comunista y el documental del año 2005 Yang Ban Xi: http://revcom.us/a/051/yang-bang-xi-es.html

(8)
Después de su encuentro en 1972 cuando Jiang Qing le ofrecía la representación de la ópera (antes ballet) “La muchacha de los cabellos blancos”, el presidente Nixon describió a madame Mao como “unpleasantly abrasive and agressive”. (“Mao’s last revolution.”...)
(9) Los artículos aparecidos en China meses después de la acusación a “la banda de los cuatro” son verdaderos documento-ejemplos de un cambio de política y de dirección en los medios chinos ante la muerte de Mao. Ver el artículo “¿Qué hizo Chiang Ching (Jiang Qing) en arte y literatura?” revista en español “China reconstruye. No. 5. Mayo de 1977. Beijing, China”
(10) Arthur Miller. “Salesman in Beijing”. Methuen Publishing Limited. Great Britain, 2005. Tengo una entrada sobre mi experiencia sobre la lectura de este libro y mi visión del Beijing teatral actual: http://gustavothomasteatro.blogspot.com/2008/08/salesman-in-beijing-un-libro-de-arthur.html
(11) China Daily. Nota de prensa. Diciembre 2007.
(12)
Tengo entendido que dos de esos ballets se presentaron en el festival cervantino en México, en junio del 2007.
(13)
Existe una transcripción (en chino) de un foro abierto con investigadores y publico en general que la CCTV china hizo sobre las “8 piezas modelo” :
http://www.cctv.com/program/chongfang/topic/history/C18096/20070403/103515.shtml



martes, 5 de agosto de 2008

“Salesman in Beijing”, un libro de Arthur Miller a 24 años de distancia.






No había llegado ni a la mitad de la lectura de “Salesman in Beijing”, aquél libro que Arthur Miller escribió después de su segunda visita a China, en 1984, invitado a montar su propio texto “Muerte de un viajante”, y ya mis manos ansiosas buscaban el teclado para escribir sobre cada frase leída en él.

El texto de Miller es todo un documento sobre una época de China y del teatro en general, pero me revelaba a la vez la experiencia que llevo en Beijing durante tres años de vivir en la ciudad. Yo no vine a hacer teatro, vine a vivir a China, a explorarla, a escribir sobre ella y sobre las artes escénicas asiáticas, a conocerla, yo vine a aprender Taijiquan y a buscarme en el extraño ocio del inicio de mi madurez; no he escrito ni he hecho teatro desde que estoy aquí; así que me he vuelto un espectador más del arte escénico asiático, y en este caso un lector más del libro de Miller.

La primera impresión que tuve del texto es la sorprendente libertad con la que en aquella época se hablaba de la Revolución Cultural, hoy por hoy tema absolutamente tabú en China; actores, escritores, gente común le daban sus puntos de vista sobre lo que había pasado, sobre cómo vivieron, sobre los daños ocurridos, cuando hoy, 2008, iniciar una conversación sobre le tema sólo impicaría un silencio completo, y acaso frases de profundo sentido intelectual que desviarían el asunto.

Aún cuando el tema es fascinante, y más aún en la época en que se escribió, leérlo ahora suena un tanto pasado de moda y parece sólo ser valioso para aquellos interesados en la China de los años 80 del siglo pasado. Esa China ya no existe, ahora vive los resultados del cambio; ahora es rica, poderosa, le dice al mundo qué hacer, invade económicamente Africa y Lationamérica en busca de recursos para su expansión. Son pocos los estudios que se dedican a esa etapa de transcisión, y tal vez ahí radique parte de la importancia de esa clase de comentarios de los herederos de la revolución que Miller nos trae, revolución que apagó la cultura china durante una década.

La descripción de un mundo fuera del teatro y un mundo dentro del teatro de aquella China de la primavera de 1984 es en momentos deliciosa, una lectura disfrutable y llena de momentos agradables y disquisiciones sencillas aunque profundas. Aquello descrito fuera del teatro es tan interesante (y único) que recordé el documental que Antonioni realizó durante la revolución cultural, “Chun Kuo Cina”. El servicio a la china, la higiene, el espectador común chino, los avatares del lenguaje, los intelectuales y la comida; Miller es un narrador profesional de lo cotidiano y un portavoz de la extrañeza del occidental ante las costumbres chinas.

Aquello descrito dentro del teatro, es fascinante para quien ha hecho teatro o para quien lo vive. Lo he considerado un documento teatral porque veo en este texto directa información sobre la manera que un representante, sincero y honesto, del imperio del realismo intenta conquistar al mundo que no lo maneja (aún 100 años después de su nacimiento). Es un documento por su manera de presentarlo, un diario de trabajo e impresiones de viaje; por su manera de llevar el montaje, por sus elucidaciones y caminos para lograr su objetivo. No sólo es un documento sobre el teatro en China sino sobre como los norteamericanos concebían las necesidades de su teatro a través de uno de sus mayores exponentes.

La obra, en esos momentos con casi 40 años de antiguedad, iba a tener su estreno en la recién abierta China. Años donde el posmodernismo teatral destrozaba el discurso realista, Miller se dirigía a “enseñar” un camino nuevo a los actores chinos. Pero el realismo que era destrozado, y quedando atrás de la nuevas formas, inevitablemente permanecía (y permanece todavía) con su imponente presencia comercial en las ciudades de occidente.

Miller era un vendedor a su vez, el realismo teatral norteamericano con todo y su propia “necesidad” de Stanislavski y la interiorización del actor estaba siendo vendido donde no lo conocían. Y recordé aquél mito (o cuento real) en el que un vendedor de refrigeradores se hace rico en el polo norte ofreciéndolos como cajas para guardar comida. He sido testigo en la lectura de cómo Arthur Miller ha podido vender su “Salesman” con la moneda de la personalidad, de la intelectualidad, del intercambio cultural, y de los valores de lo no ficticio. Y al final pareciera que la conquista, la venta, se logra pero como sucede con su personaje principal, el vendedor antes exitoso fracasa en su objetivo.

A más de 20 años después de aquél texto y aquella experiencia, sabemos que la revolución en la actuación de los actores modernos chinos no la ganó el realismo de Miller, la ganó el cine y la televisión, el producto bastardo o primo del realismo, el melodrama realista (mucho más adecuado a la tradición china). El teatro en nuestro 2008 es dentro de China un puñado de estúpidas comedias musicales, frívolas comedias con estrellas de televisión y revisiones de los clásicos chinos de antes de los años 50. La omnipresente opera china ha encontrado su nuevo lugar adaptada como “orgullo nacional” y se remunera como de interés turístico; los grandes directores hacen entonces sus versiones contemporáneas de la tradicional ópera, provocan escándalos en el país, salen al extranjero y son aplaudidos como innovadores y modernizadores de la nueva pujante econocmía de mercado china. Pero aquél teatro que vino a revolucionar Miller, el teatro de la palabra, de los caracteres, de los personajes reales y profundos, aquél teatro de las ideas (aunque él lo niegue), ese teatro, permanece vacío; lo mató la televisión y el cine, lo mató el comercio, lo mató Tian’an men y el Falungong.

He visto en los teatros de Beijing piezas montadas de Ibsen, de Strindberg y de Laoshé (el autor “moderno” por excelencia en China), y no quiero volver a ver más. Los autores modernos no tienen puestas o no quieren escribir para teatro, los espacios teatrales (permitidos por el gobierno) son pocos, el público no existe, el gobierno revisa (¿censura?) y adapta todo texto; las estrellas extranjeras, herederas de ese teatro de Miller y sus revolucionarios no son invitados, no vienen más o ya han muerto. Hay algo en nuestro teatro occidental que pone nervioso a quien maneja la cultura en China, “algo” alrededor de la palabra y de la idea, de la “realidad”. ¡Qué deseos tengo de ver una pieza de Heiner Müller en chino! Müller no es realista, pero no se trae o monta nada de él.

No es en contra del Realismo entonces, es tal vez en contra de la verdad en cualquiera de sus formas artísticas.



El libro lo encontré en Londres en octubre de 2007 pero no lo leí hasta estar en Beijing con la disposición necesaria para disfrutarlo. Nunca fuí un admirador incondicional de Miller y creo hacerlo evidente, pero debo de aceptar que la aventura que nos narra fue completamente maravillosa y su texto una verdadera joya.


viernes, 11 de abril de 2008

Función de marionetas durante la época de la revolución cultural en China (1972)



En 1972 Michelangelo Antonioni fue invitado por el gobierno chino (se dice que entre ellos estaba Den Xiaoping) a una estancia de algunas semanas en China, para que filmase los "logros" de la Revolución Cultural.

Antonioni filmó de acuerdo a las indicaciones de los consejeros chinos que siempre estuvo a su lado, en los lugares que le indicaron, a las personas y grupos que le dijeron, y aún así el documental en su producto final fue prohibido (1). Gracias al arte de la edición Antonioni hizo de un documental dirigido a la propaganda política una muy sutil pero rebelde (por cruda y simple) exposición crítica de los logros de ese famoso experimento social.

No pretenderé hacer una reseña o crítica del film; el texto anterior es sólo un preámbulo a la presentación de una escena (entre varias) de la vida cotidiana china de los 70s, una función de marionetas en el teatro Chang'An en Pekín.

Todo Pekín a cambiado, enormemente, y el teatro Chang'An también, es simplemente imposible reconocerlo.


La función es la puesta en escena de un grupo de marionetas de gran tamaño que imitan a una orquesta musical. No hay, como el realismo socialista lo exigía y más aún la ideología de la revolución cultural, ningún atisbo de tradición, todo es imitación de la realidad o en todo caso de una realidad ideal, y en este caso no hay exposición de ideas, solo una representación musical. Las marionetas están vestidas como niños o adolescentes maoístas, con sus pañoletas rojas y sus uniformes blancos, cuerpos y caras que semejan salud, felicidad, entereza, seguridad.


El público popular chino como siempre feliz, disfrutando todo aquello que se le pone enfrente, riendo a sus anchas ante el menor movimiento de ojos de las marionetas. Antonioni le da su lugar a ese público antes de la representación y permanece presente con el sonido de sus grandes carcajadas durante toda la interpretación musical.


El documento del director italiano es en esta escena como en todo su documental, directo, claro, simple; es en el contexto de la China del año 1972 en donde se sitúa y profundiza nuestra apreciación de lo que vemos; y es ahora aquí, en este Blog, que es a su vez dirigido al contexto del arte escénico y en especial al del teatro de marionetas, un punto que tal vez pocos han atendido del film.

El manejo de las marionetas parece de una profesionalidad absoluta, y es verdaderamente entretenido; algunas presentan mucha "vida", como aquella marioneta que toca el er-hu (esa especie de diminuto violín-chelo que se posa sobre el muslo, tan característico en la música china).





(1) Tuvo su primera y única presentación en China hasta el año 2005.

Gustavo Thomas. Get yours at bighugelabs.com

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