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domingo, 8 de enero de 2012

Ibsen, el anarquista, habla de la libertad



Aquí les presento una corta cita de una carta de Ibsen dirigida a Georg Brandes en 1872, donde el poeta noruego reclama sobre las aflata de comprensión en la lectura de sus textos sobre su idea de libertad. El texto nos muestra un Ibsen mucho más cercano al anarquismo que a las ideas liberales de la época:

“Nunca habría de identificar Libertad con libertad política. Lo que tu llamas Libertad yo le llamo libertades, y lo que yo llamo la batalla por la Libertad no es más que la continua persecución de la idea de Libertad. Aquél que dice poseer Libertad como algo por lo que se ha luchado, lo que posee en realidad es algo muerto y sin sentido; por su propia definición la libertad se expande a perpetuidad a medida que se busca abrazarla, y si en su búsqueda, ese alguien se detiene y dice: “¡Ya la tengo!” lo único que muestra es que la ha ya perdido. (...) ¡El estado debe ser abolido! (...) Hay una revolución a la que con mucho gusto presto mi hombro: la abolición de la concepción del Estado, el establecimiento del principio de la libre voluntad y todo lo que es espiritualmente afín a ello como un prerequisito para una fraternidad universal. Ahí es donde está el inicio de una libertad que vale la pena.” (*)

Desde luego un texto que no ayudaba en nada a cambiar la idea general de que Ibsen era un ultra radical dentro del ambiente político de finales del siglo XIX europeo.







(*) En inglés en el original (traducción del autor del Blog). Ibsen Biography. By Michael Meyer. Page 338.
"I shall never agree to identify Freedom with political freedom. What you call Freedom I call freedoms, and what I call the battle for Freedom is nothing but the continuous pursuit of the idea of Freedom. He who possesses Freedom otherwise than as something to be striven for possesses something dead and meaningless, for by its very definition Freedom perpetually expands as one seeks to embrace it, that if, during the quest, anyone stops and says: "Now I have it!" he shows thereby that he has lost it." (...) "The state must be abolished!" (...) "There's a revolution to which I gladly lend my shoulder. Abolish the conception of the state, establish the principle of free will and all that is spiritually akin to it as the one prerequisite for a universal brotherhood-there is the beginning of a Freedom that is worth something!"

 

Texto, fotografías y vídeos en este Blog son propiedad del autor, excepto cuando se aclare otra autoría. Todos los derechos son reservados por el autor de este Blog. Si existe algún interés en usar textos, fotografías o vídeos propiedad del autor, sea uso comercial o no, es necesario hacer una petición por escrito y dirigirla por correo electrónico a Gustavo Thomas a gustavothomasteatro@gmail.com.


viernes, 23 de diciembre de 2011

El encuentro entre Henrik Ibsen y Hans Christian Andersen, una nota curiosa.

Hans Christian Andersen
Henrik Ibsen


En la biografía de Ibsen escrita por Michael Meyer, Meyer reconstruye el curioso encuentro que tuvieron en Londres dos gigantes de la literatura, Henrik Ibsen y Hans Christian Andersen. El texto completo* es una curiosidad y describe a la perfección, en una situación real, estas dos personalidades extremas, un Andersen aniñado y frívolo y un Ibsen razonable y seguro de sí, pero además el texto plagado de pequeñas anécdotas de lo más simpáticas alrededor de aquél encuentro, se convierte en un ejemplo del sumo placer que puede uno tener al leer historia del teatro (y del arte en general):


"Hans Andersen estaba dispuesto a encontrarse con el nuevo dramaturgo, ya que al parecer había olvidado su breve encuentro en 1852. El 11 de agosto (1870) anotó en su diario: "Fru Melchor me dijo que el poeta Ibsen iría a cenar hoy con Carl Bloch, y expresé mi sorpresa por no haber sido invitado. Me puso de mal humor el pensar sobre la poca atención que B. me había prestado." "Yo no estuve allí ", escribió el día siguiente a Henriette Collin, "pero me hubiera gustado haber sido invitado, y ver por fin a este poeta noruego al que no le gusta lo noruego." Una semana más tarde vió cumplido su deseo cuando Moritz Melchior Gerson, un político en cuya casa del siglo XVIII con vistas al Sound, en donde, mediante un acuerdo generoso y en un conjunto permanente de tres o cuatro habitaciones, Andersen vivía, dio una fiesta para los dos escritores. Andersen trató de prepararse para el encuentro haciendo un poco de tarea, y el resultado lo deprimió. "Leí Peer Gynt", anotó en su diario del 18 de agosto, "que está escrito por un poeta loco. Uno se vuelve loco sólo leyendo este libro. La poesía tampoco es buena, hay algo enfermo y angustiado en todo esto. Lamento haberlo leído, Ibsen viene esta noche aquí por primera vez. Nunca lo he visto, dicen que es taciturno y sombrío", pero la ocasión pasa inesperadamente bien; el diario continúa: "Después de la cena llegó con Bloch, y me causó una buena impresión ... Habló bien y fue muy amable.. A todos nos gustó."

El diario de Andersen nos oculta cómo la noche estuvo a punto de ser un desastre. Según John Paulsen, quien obtuvo la historia de parte del mismo Ibsen:

"Muchos de los personajes más notables de la ciudad se encontraban entre los invitados Todo el mundo había llegado y estaba listo para sentarse, pero Andersen no bajaba de su habitación. Un cuarto de hora pasó, media hora; una inquietud nerviosa se apoderó de los anfitriones, y no parecían muy contentos. Mensaje tras mensaje fue enviado, pero no aparecía. La anfitriona tranquilamente subió, pero volvió con una expresión de más preocupación que antes de subir. Andersen no bajaría. Nadie decía nada a los invitados de honor, pero Ibsen presentía lo que estaba ocurriendo. A Andersen no le gustaba estar con gente de cuyas simpatía no estaba seguro; cuando la gente mencionaba autores extraños él ingenuamente preguntaba: "¿El me admira?" La situación se volvía cada vez más penosa. Eran ya 45 minutos pasada la hora señalada para la cena. Los anfitriones se encontraban totalmente perdidos sin saber qupé hacer. ¿ Se sentarían todos a cenar sin Andersen?
Entonces Ibsen salvó la situación. Tomó a su anfitrión y se lo llevó hacia un lado y pidió permiso para ir a la habitación de Andersen y hablar con él. El anfitrión asintió con la cabeza y le mostró el camino. Un minuto después, con la alegre sorpresa de estar en compañía, los dos grandes escritores entraron a la sala uno al brazo del otro; Andersen, evidentemente emocionado, sonriendo hasta las lágrimas. Era como un niño pequeño al que le habían dado por su lado.
"¿Pero qué pasó entre usted y Andersen en esa habitación?" Le pregunté a Ibsen. Ibsen sonrió ante el recuerdo: "Le abracé y le dije un cumplido. El se sintió conmovido, cuando me devolvió el abrazo me preguntó, "¿Entonces, realmente le gusto?" Ibsen añadió: "Fue una de las noches más agradables que he tenido. Andersen puede ser tan amable y entretenido como pocos otros hombres cuando él lo quiere ser."

Andersen se mostró encantado con su nuevo amigo. Más tarde le escribió a un amigo que había encontrado Ibsen "muy amable, modesto y agradable. Él me gusta mucho, pero su Peer Gynt nada de nada".




*En inglés en el original. Traducción del autor del Blog. Biografía de Henrik Ibsen. Michael Meyer. Página 323.  

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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ibsen y la belleza de Roma. Entendiendo el arte y la tragedia griega.


Detalle de la estatua de la musa de la tragedia (Museo Vaticano)


Ibsen como muchos otros artistas escandinavos y europeos del siglo XIX encontró en Roma la inspiración para su arte y su idea de la belleza y la profundidad en el arte. Leyendo la biografía de Henrik Ibsen escrita por Michael Meyer descubrí una carta dirigida a su amigo (y en ocasiones su enemigo) el escritor Bjørnstjerne Bjørnson, describiendo sus obras de arte favoritas en la ciudad eterna y su reacción después de observarlas.

Ibsen vivió en Roma cuando tenía alrededor de 30 años, en una especie de exilio autoimpuesto, y escribió varias de sus obras más famosas durante esos años viviendo en Italia. Es más que sabido que el escritor y poeta no acostumbraba leer libros (cualquier tipo de libros, sólo leía periódicos), así que esta estancia era para él algo más que una visión general del mundo del arte clásico, era su lectura “visual” de todos los clásicos de la literatura y el teatro a través de la escultura y la arquitectura. Sí, por extraño que parezca.

Ibsen envió esta carta a Bjørnson el 28 de enero de 1864, confirmando las predicciones de Bjørnson de que la estancia en Roma poco a poco le daría a Ibsen una sintonía con el arte clásico y su escultura.

Publico en el Blog el extracto completo de la carta que aparece en el libro de M. Meyer *, y también publico algunas fotografías (de diferentes fuentes en internet) que ayudarán a visualizar las obras de las que Ibsen está hablando.

"Su belleza (...) crece más y más en mí, como tú habías dicho que pasaría. Se presenta en destellos, pero uno solo de esos destellos lanza su luz sobre todas las vistas. ¿Te acuerdas de "La musa de la tragedia" que se encuentra fuera de la sala de La Rotonda en el Vaticano? No hay otra escultura aquí que haya sido tal revelación para mí. Puedo incluso decir que es a través de ella que he entendido lo que fue la tragedia griega. La indescriptible calma, la noble y sublime exaltación de alegría en la expresión de la cara, el frondoso laurel que lleva la cabeza y que contiene dentro de él algo sobrenaturalmente exuberante y báquico, los ojos que miran hacia dentro y al mismo tiempo, a través y más allá del objeto de su mirada... Eso fue la tragedia griega.”

Musa trágica (Museo Vaticano)

"La estatua de Demóstenes en el museo Laterano, el fauno en la Villa Borguese, y el fauno (de Praxíteles) en el Vaticano (bracchio nuovo), también han abierto para mí grandes puertas que me muestran el carácter griego (el personaje), y me han permitido entender lo que en la belleza es realmente imperecedero. Ruego al cielo que yo pueda ser capaz de utilizar este conocimiento para mi propio trabajo.”

Estatua de Demóstenes (Museo Vaticano)

Fauno de Praxíteles (Museo Vaticano)

Fauno (Villa Borguese)


"El Moisés de Miguel Ángel en San Pedro (en Vincoli) no lo había visto la última vez que te escribí; ya había leído sobre él y tenía expectativas que al final no se ha cumplido, auqnue deco decir que sólo lo he visto una vez.

¡Qué glorioso es aquí el paisaje, tanto en las formas como en los colores hay una indescriptible armonía. A menudo paso la mitad de un día tumbado entre las tumbas de la Via Latina o la vieja Via Appia, y creo que es una ociosidad pero no una pérdida de tiempo. Los Baños de Caracalla son otro lugar que tiene un atractivo especial para mí (...) "


Area de tumbas en la Via Appia


Los baños de Caracalla



Tal vez todo esto son sólo datos curiosos, pero quizás también podría ayudar a comprender de una mejor manera la obra del dramaturgo (y poeta) noruego, y en especial a comprender mejor al hombre detrás de esa monumental obra.





* En inglés en el texto de Meyer, la traducción es mía:
 "Its beauty (…) grows more and more on me, as you said it would. It comes in flashes, but a single flash throws light over whole vistas. Do you remember the "Tragic Muse" which stands outside the hall in the Rotunda in the Vatican? No sculpture here has yet been such a revelation to me. I may even say that it is through this that I have understood what Greek tragedy was. The indescribably calm, noble and exalted joy in the expression of the face, the richly laurel led head containing within it something supernaturally luxuriant and bacchantic, the eyes that look both inwards and at the same time through and far beyond the object of their gaze--such was Greek tragedy.
The statue of Demosthenes in the Lateran, the Faun in the Villa Borghese, and the Faun (of Praxiteles) in the Vatican (brachia nuovo), have also opened great windows for me into Greek character, and have enabled me to understand what imperishability in beauty really is. Pray heaven I may be able to use this understanding for my own work.
Michelangelo's Moses in S. Pietro in Vincoli I had not seen when I last wrote to you; but I had read about it and built up expectation which has not quite been fulfilled--however. I have only seen it once.
How glorious the landscape is down here; in both forms and colours there is and indescribable harmony. I often spend half the day lying out among the graves on the Via Latina or the old Via Appia, and think it an idleness but no waste of time. Caracalla's Baths are another place which holds some especial attraction for me (…)" (Page 235. Ibsen's Biography. By Michael Meyer. Double Day Co. New York 1971)





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sábado, 18 de junio de 2011

Eleonora Duse mirando a la ventana de Ibsen...

"La Duse watching Ibsen's window" (Por Gustavo Thomas, 2011)


Ella estaba ahí cuando él moría,
pero no pudo verle,
ni besarle,
ni darle las gracias.

Ella estaba ahí, solo esperando su aparición,
pero él nunca salió.

Ella estuvo ahí, mirando y esperando,
así lo oí...


Eleonora Duse visitaba Noruega por primera vez, con la esperanza de encontrar al dramaturgo que le había dado sus más grandes triunfos. A su arribo mandó una carta y flores a Ibsen pidiéndole una cita para agradecerle por todo ello. Suzannah (la esposa de Ibsen) telefoneó diciendo que él estaba muy enfermo y que no podía recibir a nadie. Lugné Poe, quien estaba con ella en esos momento, cuenta como La Duse se paró enfrente de la ventana del palacete de Ibsen, entre el frío y la nieve, al medio día, esperando a que el escritor se asomara como regularmente lo había hecho durante los últimos años, pero no lo hizo. Eleonora Duse nunca pudo encontrarse con Ibsen en persona. (1)

Mi pintura se basa en una fotografía original de la producción de la obra de Ibsen La dama del mar en la que Eleonora Duse era el personaje principal.




(1) La anécdota en inglés, en el original: "Duse was visiting Norway for the first time, largely in the hope of meeting the dramatist who had provided her with her greatest triumphs. On her arrival she sent a letter and flowers to Ibsen asking if she might call merely to say "¨Thank you". Suzannah, however, telephoned that Ibsen was too ill to receive anyone. Lugné-Poe, who was with Duse at the time, tell what followed

I remember very well that morning when she had just received this sad message. I went in to her and found her swathed in the long white paladrane which she loved to wear. She sat fearful, annihilated, hollow-cheeked, her face tired and lined as though life was abandoning her. She asked me: "What shall I do? Please, what shall I do?"... What could I do for her? I had hoped so much, for her sake... Next morning, around noon Duse and i found ourselves outside Henrik Ibsen's house. She had bought Norwegian boots, for she wished to go there on foot. We walked round the left of the palace, and at the stroke of twelve we stood beneath the corner window, where, every day at this time, people could see Dr. Ibsen in person, sometimes with a secretary or someone at his side. Duse stood there waiting, in the cold and snow. Who, even thirty years later, would not be shaken by the memory of having been present at that sad and silent meeting? Eleonora Duse on the pavement, looking for the old poet's silhouette behind the big window."

Ibsen's Biography. By Michael Meyer. (En inglés en el original)




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