miércoles, 23 de febrero de 2011

Taller de Danza Butoh con Jocelyne Montpetit: Segunda sesión


Tatsumi Hijikata

                                                                                
En las historias de ayer Jocelyne llegó al Butoh y conoció a los maestros, supimos que vió morir a los dos y bailó con ellos; supimos que Ohno se sentía culpable por estar vivo debido a que, en su juventud, vió morir decenas de personas durante su travesía de regreso a Japón. Hoy el maestro Ohno calló, Jocelyne habló primordialmente a través de Hijikata, y ella y él, juntos, nos transmitieron sus imágenes de anormalidad y rareza, nos dieron las onomatopeyas y el uso de los pies como un apoyo a la imagen interior. Y bailamos siendo flores, y también siendo adolescentes anormales que gozan más con una planta que con los otros seres humanos que están a su alrededor.

Yo bailé con algunos de mis fantasmas, lloré por ellos y me sentí avergonzado por “sentir”. 

El entrenamiento (¿calentamiento?) básico se repitó: postura básica y movimiento de huesos y articulaciones.

Jocelyne comenta: -“no te mueves tú, deja que el movimiento sea”-

Los desplazamientos con movimiento de los huesos se repitieron pero agregamos cambios de velocidad y fuerza. Nos desplazamos en línea recta sintiendo un “jalón” suave hacia el cielo y posteriormente un “jalón” suave hacia la tierra, y hoy no sólo nos repartimos en dos grupos y nos desplazamos por separado, ahora como en una coreografía los grupos se encontraron, se cruzaron, y giraron para encontrarse nuevamente. Una demostración de la habilidad y facilidad con la que surgen imágenes y movimientos para un trabajo serio. Un grupo de 20 bailarines, concentados totalmente en su trabajo con un movimiento básico y concreto y con una dirección idónea, hacen maravillas.

Volvimos a tener cola, sin importar si éramos animales o no; debíamos atender el empuje de la cadera y jugamos a desplazarnos una vez más, lateralmente, pero ahora nos sentamos, nos levantamos y seguimos caminando; pudimos mirar a los otros y al público mientras caminábamos.

Jocelyne habló del aprender a ver al otro, de lo importante que es saber ver el trabajo de los compañeros para discernir y no para juzgar.

Los pies

Entonces vino el capítulo de los pies: uno de los significados del Butoh, según Jocelyne, es estar anclado con los pies a la tierra. Hijikata poseía imágenes en sus pies. Suzuki, maestro y teórico japonés, creó una técnica para los pies del artista. -”Un buen actor se ve en su manera de usar sus pies”- decía Suzuki. Jocelyne nos cuenta vió una impresionante demostración de trabajo de la técnica de pies de Suzuki en una montaña del Japón, con un grupo de actores que explotaban de energía golpeando el suelo con sus pies desnudos... 

Caminamos entonces sobre cerámica, sobre polvo, sobre vidrios rotos, sobre choques eléctricos: la imagen de los pies debía dirigir el impulso al cuerpo. Se interrumpió el trabajo, y por primera vez y directamente nos habló de no actuar, simuló el reaccionar ‘como si’ sintiéramos; debíamos sentir con todos nuestros pies, con los dos. El ejercicio pasaba por todas los tipos de suelo mencionados y saltaba de uno  a otro, haciendo combinaciones y cambiando el patrón lineal de su primera estructura: de cerámica a polvo, de polvo a choques eléctrico, de choques eléctricos a cerámica, de cerámica a vidrios rotos, etcétera. Después el cuerpo entero se desplazaba sobre le suelo, sintiendo los diferentes tipos de materiales también. 

Una vez más Jocelyne nos separó en dos grupos y pidió que observáramos a los otros, retomó la idea del aprender a ver:

-”Hace tres años en Montréal, fui comisionada para hacer el casting para un maestro de baile; el joven, de origen africano, llegó a la prueba en ropa común, lleno de collares y colores por todas partes. Le pregunté si no iba a vestirse con ropa más adecuada y tranquilamente me contestó que así estaba a gusto. Comenzamos la prueba y, después de mencionar que la danza pertenecía a una tribu de tal y cual parte, bailó. Uno de los momentos más impresionantes que he vivido, porque él bailaba como si fuera una pantera, lleno de fuerza y energía, y totalmente diferente a aquello que yo hubiera visto hasta entonces. Terminó su primer baile, mencionó otra tribu y el tipo de danza y volvió a bailar; así varias veces. Al final le pregunté en cómo es que había aprendido tanto, y me contestó, “Aprendí danza sentado”. Siendo hijo de una bailarina del ballet tradicional de su país, desde niño pudo ver todos y cada uno de los bailes y así los aprendió. Su ingénua respuesta, (porque se necesitó mover en algún momento para terminar de aprender las danzas) me parece un buen ejemplo para dar a entender la idea del saber ver y aprender del ver”-

 La Flor

El ‘diente de león’ es una flor muy conocida por su extraña condición de expansión, por su forma y su textura. Jocelyne cuenta cómo Hijikata gustaba trabajar con flores, él tenía su propio grupo de imágenes de flores, y cómo cuando trabajaba con alguna con las condiciones del diente de león hacía uso de la onomatopeyas para describir el trabajo a realizar, así que con un “¡flop!” o un ¡Fuuuuh!” podríamos descubrir un momento preciso de acción con la imagen. En la siguiente improvisación seríamos una flor ‘diente de león’, usando la experiencia de nuestra primera metamorfosis (con el nido de aves), las onomatopeyas, además de la experiencia con los pies: la flor, el diente de león, entraría a nosotros, nos llenaría primero entrando por un pie, recorriendo todo nuestro cuerpo hasta llegar al otro pie, entonces subiría desde ese pie y recorrería nuevamente todo el cuerpo. Seríamos la flor misma.

La música nuevamente ejercía un poder impresionante sobre las condiciones de nuestra imagen: una vez en nosotros, y siendo la flor empezamos a vivir con el tiempo, el clima y la naturaleza de su alrededor; también comenzamos a desplazarnos, sí, nuestra flor se desplazaba y se interrelacionaba con las otras flores. Nunca fuimos humanos, o caricaturas animadas... éramos ‘la flor’: un día claro, la flor plena, cae la lluvia, caída de la flor, se encuentra en medio del lodo, la lluvia cesa, aparecen los rayos del sol, el lodo se seca, surge un arcoiris, la flor se levanta, la flor en el atardecer, en la noche, en la oscuridad, somos ahora oscuridad, la oscuridad se desplaza, la oscuridad va al suelo, el suelo es de polvo, la oscuridad juega con el polvo, somos polvo. La improvisación acaba con el silencio, sin música; siempre, para terminar, Jocelyne toca unas claves de madera y da las gracias.

No hay comentarios, sólo ella nos prepara para el próximo ejercicio.

La mujer enferma de Hijikata y la historia de Jocelyne

Jocelyne acerca una silla, pide discupas por traerla diciendo que se usará en la siguiente improvisación y se sienta en ella, entonces comienza a contar otra historia:

-“Acabo de terminar, hace tres semanas, un nuevo espectáculo, basado en palabras de Hijikata. Hijikata escribió su último libro sobre sus procesos y las imágenes con las que trabajaba, aún no traducido a otro idioma; en él habla continuamente de una mujer, de la que nunca dice su nombre; algunos dicen que es su hermana, el asunto es que era una mujer enferma, y en medio de una racha da hambruna terrible. Hijikata siempre trató temas de anormalidad, de enfermedad mental, no le gustaba nada que tuviera que ver con la normalidad. Yo no conozco a esta mujer pero sí las palabras de Hijikata, así que busqué mis propias imágenes. En un viaje a Siracusa encontré una familia que comía al aire libre, una niña, adolescente tal vez, con alguna enfermedad, estaba con ellos pero se encontraba aislada de su familia, tenía su propio mundo; entonces comenzó a entrar en contacto con una planta que estaba a su lado, a tocarla, a sentirla, reaccionando con movimientos y sonidos, a veces como un canto; esos movimientos se convirtieron en una danza; la niña era danzando con la planta, y fue así durante mucho tiempo, ¡tal vez una hora o más! ... Tomen una silla, siéntense en ella, sean adolescentes, y dancen con la planta.”

La improvisación, después de todos los ejercicios que nos habían preparado (postura, respiración desplazamientos, pies, uso de imágenes, onomatopeyas, metamorfosis, atmósfera por la música) fue de una fuerza e impresión en mí difícil de relatar.

Nunca tuve duda en la posibilidad de ser ese adolescente, pero durante el ejercicio surgió una mezcla de imágenes personales que influyeron enormemente en mi emoción: en mi personal experiencia he tenido contacto con dos personas con problemas de anormalidad (una con síndrome de Down y otra con problemas neuro-fisiológicos), y he vivido espacios de mi vida con ellos, momentos intensos, y en algunas ocasiones compartido dolores y pérdidas; su inclusión en la improvisación fue inevitable. La metamorfosis no fue en un adolescente enfermo, fue en tres, y aún más sumándose mi yo como un observador con lástima y dolor por lo que esos adolescentes vivían; mi danza se partió en dos siendo el adolescente enfermo que disfrutaba su contacto con la planta y el hombre que veía adolorido la experiencia de aquellos que  ha conocido. No quería llorar porque ese adolescente disfrutaba, pero había llanto, y lo dejé correr.

Al terminar la improvisación nadie comentó su experiencia, todos quedamos silenciosos, Jocelyne sonreía, esperó un rato y dió por terminada la sesión. Yo, por mi parte, me sentía avergonzado por haber llorado, por exponer sentimientos que podían ser juzgados como “emotividad” o como ‘actuación”... Me reconforta que Jocelyne no comentó o no criticó ni mi trabajo ni el de los demás, así me da espacio para mi propia exploración.

Yo había leído cómo Ohno y Hijikata trabajaban contando primero sus impresiones e historias personales y después improvisando sobre eso, y recuerdo que Eugenio Barba hacía lo mismo años atrás contando sueños y experiencias de su infancia para las improvisaciones de sus actores en el Odin teatret, pero ésta ha sido mi primera experiencia en ese sentido y la encuentro verdaderamente rica en posibilidades creativas. 

El Butoh no es más para mí un arte japonés, de otra cultura, es la búsqueda de una pureza en el movimiento de nuestro ser, en él, en nuestro ser, está su fuente, en nuestro cuerpo está su medio para ser. Hoy que bailé con algunos de mis fantasmas lo aprendí.


Jocelyne Montpetit (Toronto, 2011)
Al final de la sesión con Jocelyne Montpetit (Toronto, 2011


martes, 22 de febrero de 2011

Taller de Danza Butoh con Jocelyne Montpetit: Primera sesión

Jocelyn Montpetit bailando en Bélgica.

                                                                                            

Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno estuvieron en el taller de hoy, junto con Jocelyne Montpetit: todos nos hablaron del Butoh y contaron sus historias; nos pidieron volver a ser niños de 5 años, nos pusieron colas de animales, nos metieron serpientes en el cuerpo y nos transformaron en nidos de aves.

Jocelyne Montpetit llegó (viniendo de Québec y pasando por Francia) a Japón en los años 80, en el momento de la explosión internacional del Butoh. Ahí trabajó con un grupo heredero de Hijikata que, en poco tiempo, la llevó a él, maestro del lado oscuro del Butoh. Hijikata le mostró su último año de vida, sus conclusiones de una enorme carrera en la vanguardia japonesa y sus dudas; también le transmitió su complicado trabajo técnico. Años después, Jocelyne se encontró con Kazuo Ohno, lado claro del Butoh; él le abrió, como a todos, su vida y sus anécdotas, sus dudas filosóficas y su creencia en un dios, así entonces le proponía danzar, esa fue la técnica que le transmitió.

Jocelyne, hija de esos maestros, habla de ellos como de ella misma, y de aquellos otros que le han mostrado también un camino. Habla de todos pero su enseñar es simple: no nos pregunta nuestros nombres, no nos juzga; explica prácticamente el ejercicio a venir y nos pide movernos, repitiendo una, dos o tres veces el mismo ejercicio cuando ve algo que le recuerda detalles que los maestros reconocían como motivo de un comentario.

Los talleres de Butoh son de lo más especiales en el campo de las artes escénica, pueden tener cualquier camino, en el Butoh pareciera no haber mucha uniformidad, pero al final la hay. Sus fuentes primarias están en el cuerpo del bailarín. No hay Butoh sin honestidad. Hoy con Jocelyne la honestidad se encontró a través del uso de las imágenes, en la honesta manera de seguir el impulso de esas imágenes en nosotros: ser la imagen y no hacer la imagen o actuar la imagen.

Hay una postura básica, tomada en base de Hijikata pero suavizada por ella, más cercana a la postura de las artes marciales: separación cómoda de los pies, rodillas semidobladas y columna derecha; respiración dirigida a la columna vertebral. Esa postura se revisa, se camina, se desplaza, se mueve, se libera de la dirección de la mirada, se transforma a través de "el arriba" y "el abajo", desplazándose rigen al movimiento fuerzas que nos elevan o nos atraen al suelo, que levantan nuestros dedos junto con todo el cuerpo, o que atraen la cadera al suelo llevando con ella todo nuestro ser. La postura sigue presente, pero fuerzas nos empujan hacia enfrente mientras nosotros ejercemos resistencia, el desplazamiento continúa, entonces tenemos 5 años de vida, y seguimos desplazándonos, sin perder las posturas y las reglas de fuerzas encontradas; repetimos una y otra vez, evitando actuar, entrando a las imágenes de esos 5 años que mueven a cada uno. Ver a la mitad del grupo desplazándose así, enseña, nos muestra lo diferentes que somos, los mundos que cada uno tiene con la imagen de un cuerpo que vivió a los 5 años. Todos tuvimos cinco años... todos habremos de tener un futuro. Nuestro material está ahí, nos dice Jocelyne.

La música con arias bellísimas inevitablemente transforman la calidad del movimiento, el ritmo.

Entonces, nos hace desplazarnos con una enorme cola que surge del final de nuestra columna; no es impuesta, es nuestra cola, tiene nuestros huesos, es parte de nuestro cuerpo. Nos desplaza a una lado y a otro, sintiendo esa cola, pudiendo tocarla; y caminamos escuchando una música latina repetitiva y festiva. Repetimos una y otra vez aquél desplazamiento, lo hacemos en grupo, a veces la mitad, a aveces la otra mitad, mirando a la cola y después mirando a un público espectador, al frente; seguimos las reglas del desplazamiento, pero disfrutamos la cola de animal, somos un tanto más animales nosotros mismos.

El desplazamiento ha terminado.

Una serpiente entra a nosotros y nos mueve, ella, no nosotros. Jocelyne lo explica mientras lo realiza. Le veo un gozo mezclando en su gestualidad facial. Tal vez sea esa gestualidad neutra que surge cuando realizas estos ejercicios, aquella que sorprende al observar a todos los grandes bailarines de Butoh en escena y que al final es solo eso "neutralidad".

La serpiente entra a nosotros y mueve el cuerpo; no es fácil, implica algo más que honestidad, o una honestidad que aún debemos de descubrir. Algunos de nosotros jugaron a ser serpientes, otros sólo actuaron la serpiente, otros se creyeron serpientes, otros tal vez si tuvieron la serpiente dentro que movía su cuerpo, no lo sé; repetimos tres o cuatro veces el mismo ejercicio. En los dos últimos Jocelyne aceptó una posible interacción entre nosotros, ser conscientes de las oportunidades de estar en grupo y del espacio mismo. Yo sentí una serpiente, a veces dos, a veces me distraía por un desequilibrio, a veces descubría que mi serpiente había crecido y en vez de estar en mi cuerpo me envolvía en él.

Hasta este momento de la sesión nadie ha hablado, todo ha sido un continuo monólogo de anécdotas e indicaciones, de correcciones muy pocas veces dirigidas al grupo y más bien al "nosotros" incluyéndose ella. La dudas que nos vienen por su continuo uso de palabras francesas o con pronunciación muy francesa hablando inglés no son más que preguntas al compañero para corroborar si la palabra que escuchamos de ella era la que ella había dicho. Jocelyne en momentos se disculpa de su falta de claridad, en momento busca la palabra en inglés y si no la encuentra la dice en francés. Insisto, no afecta, la escuchamos.

Todos aquello nos preparó para lo que Jocelyne llamó "improvisación de la metamórfosis": caminando en un bosque descubrimos un nido de pájaros con huevos y pequeños pájaros dentro, nos llama la atención hasta el grado de obsesionarnos (esa fue la palabra que usó); tomamos el nido y caminamos con él aumentando nuestra obsesión por cuidarlos, observarlo y atenderlo; en algún momento de nuestro caminar somos el nido, nos metamorfoseamos en ese nido.

Transformarse podría ser una palabra similar, derivada de ella, pero "metamórfosis" (ella la usaba en francés) se convierte en una exigencia mucho más clara, en poesía: Jocelyne habló de un acto poético.

Repetimos la improvisación, siempre con música, buscamos en la segunda oportunidad de metamorfosearnos en mayor profundidad. Según Jocelyn el punto de referencia para saber nuestro grado estará en nosotros en nadie más.

Comenzó entonces a hablar como parte del final. Fue ahí que nos contó las historias de los maestros, de sus orígenes, de sus técnicas, de sus vidas, de sus encuentro con ellos, de la metamorfosis misma; pidió por primera vez comentarios o preguntas (¿quién quiere hablar después de ésto?) y sí, algunos comentaron y algunos preguntaron; ella siguió su conversación sobre los maestros y nos dejó ir.

Los talleres de Butoh son suaves y afables, pero el compromiso que implican nos hace gastar una gran cantidad de energía; uno queda "extrañamente" cansado porque a la vez nos sentimos  profundamente satisfechos. Espero con ansia la segunda sesión... Quiero usar mis recuerdos corporales, mis propias imágenes, explorar otra metamorfosis y escuchar más historias de aquellos que lucharon por ser libres en una dictadura de tradiciones.

lunes, 21 de febrero de 2011

Taller de danza giratoria con Ziya Azazi: Segunda sesión (final)


(Al final encontrarán links a algunos videos que muestran el trabajo durante taller)


The Canadian Children’s Dance Theatre es un antiguo teatro (Carlton Theatre) convertido en estudios de danza. Con mucha mejor calefacción y amplitud resultó ser un espacio ideal para la segunda sesion (y última) del taller de danza giratoria con Ziya Azazi.

                                                                           
Ziya Azazi durante los comentarios en su taller (Toronto, 2011)

Después de una corta introducción teórica, en donde expusimos nuestras experiencias del día anterior ( yo soñé con los giros y las palabras de Ziya), entramos de lleno a trabajar  ‘fluidamente’ con la estructura básica que abordamos ayer: rutina de estiramientos con circulación o giros, desplazamientos y manejo de niveles en espiral, y giros sobre un mismo eje. No habría detenciones entre nignuna de las etapas, así que todo se daría fluído hasta el final. No sé exactamente porqué que no tomé totalmente en cuenta la anterior indicación pero la omisión (léase error) me valió una mala jugada por parte de mi aparato digestivo durante la práctica de los giros en un eje (ya lo relataré a su tiempo).

Para el trabajo de estiramiento Ziya puso de fondo música romántica y barroca, y el resultado fue muy interesante. Conociendo ya los ejercicios de la rutina Ziya ya no gastó energía en explicarnos nada, así que sólo debíamos seguirlo; eso ayudó a que la música fuera realmante un acompañante y ‘empujara’ a lograr la fluidez de la primera rutina. En algún momento los ejercicios de estiramiento dejaron de estar separados y parecían acciones encadenadas en una pequeña coreografía; por supuesto que la idea del giro daba una continuidad al movimiento desde su concepción. Dudo mucho de la estética de nuestro trabajo, raramente un primer abordaje de ejercicios de estiramiento lo es, pero aquella sensación de fluidez a través de la música, el conocimeinto de la de antemano de la rutina y el seguimiento a un guia trabajando a iempo real con nosotros se agradecen mucho. Teorizando un pco, pienso que al final es una variante de lo que, al parecer, es un principio de entrenamiento en varias técnicas en las artes escénicas, la práctica fluida de un encadenamiento de acciones.

Sin ninguna detención, y como estaba previsto, entramos al juego de niveles y desplazamientos en espiral. Ziya dejó de ser en esta parte un guía directo, ahora entraba y salía de nuestro campo visual, así que sólo en momentos se convertía en un punto de referencia para los movimientos, y cuando lo creía necesario nos daba indicaciones verbales (que en general eran recordatorio de aquellos principios de trabajo que la sesión anterior había expuesto: columna erguida, uso y extensión de todas las partes del cuerpo y mantenerse atento al eje). 

La música nos dió nuevamente la pauta para la velocidad y en algún momento para el ritmo. Durante estos desplazamientos y manejos de niveles algunos se separaron debido al cansancio o al mareo; por mi parte, me sentía mareado pero continué seguro de que lo superaría como ayer lo había hecho; fue entonces que cometí un error garrafal: tuve la certeza de que descansaríamos unos minutos antes de la práctica del giro en un eje. ¿Por qué lo pensé? No lo sé, sólo puedo suponer que fue un engaño de mi cerebro. Así que el mareo se hizo más fuerte, comencé a sentir deseos de ir a orinar y a sentir también cansancio y hambre; pero en vez de detenernos, Ziya continuó con su plan (como estaba previsto y yo omitido), entrar de lleno al giro sobre un eje; cuando ésto pasó, no pude más que entrar en pánico dentro de mí, seguí girando, sí, pero en un estado de conciencia verdaderamente deplorable. No había gusto, ni vacío, ni seguridad, ni diálogo entre mi cerebro y mi cuerpo, había caos.

Mis giros se hiceron lentos e inseguros, y cuando seguía yo esperando la detención para descansar, Ziya me entregó una falda, me pidió que sin dejar de giran me la pusiera y continuara trabajando. Yo ya no podía hablar, el mareo era mayor, y ahora con la falda en la cabeza (Ziya sólo la había puesto encima de mí) me sentía además torpe y ridículo, porque nunca pude acomodarla en mi cintura. Detuve mis giros, me quité la falda y fui al baño; oriné, traté de calmarme, seguí mareado; traté de volver a girar con los otros, giré un poco, giré hacia el otro lado (parece que es un error, -“como principiante no cambies de dirección en la misma sesión”-, había dicho ayer Ziya); así que comencé a girar de nuevo, ahora al aldo contrario, y con la falda al cuello porque nunca me quedó en la cintura (o estoy gordo o es extremadamente estrecha). ¿El resultado? En menos de cinco minutos me detuve nuevamente y esta vez fui al baño para vomitar.

Mi aparato digestivo reaccionó al caos de mi cabeza, lo sé, a mis miedos y a los engaños que se producen ante lo desconocido. -“No es para tanto”-, nos había dicho ayer Ziya, y sí, ni siquiera vomité como tal, fue el impulso, los estertores, el ruido, y nada más. Cuando volví ya habían terminado de girar, me senté a comentar, ví el reloj y eran las 12:30... lo que ayer hicimos en 4 horas, ¡en esta sesión lo habíamos hecho en 2 y media! Y yo parecía estar completamente acabado.

Hubo una enorme pausa en donde hablamos no sólo de aquella nueva experiencia girando si no de mcuhas otras cosas, del baile giratorio derviche, de la búsqueda espiritual, de los intereses estéticos de Ziya y de su manera de llegar a esta danza como técnica base de su trabajo coreográfico.

Ziya Azazi es un caso único en el mundo por el uso de la danza giratoria, conocida como ‘derviche’, porque él la trabaja de una manera actual, contemporánea, crea coreografías con ella (la danza derviche es una técnica mística no un arte en el sentido moderno del término), pero sigue envuelto en ese enfoque de experiencia personal que el girar provoca en él. Trabajar esta técnica de esta revolucionaria manera le ha valido críticas muy fuertes en Turquía, criticas que ha debido enfrentar con representantes de la religión, de la mística y con gente del arte; una lucha que en sus palabras lo ha hecho crecer: -”¿qué hace un derviche que baila en un punto y sólo piensa y exige que se piense en Alá? Yo le he dicho que yo hago más que ellos, que soy actual, que estoy respondiendo a las necesidades de mi tiempo y no a las de hace cientos de años; ellos repiten lo mismo que otros crearon siglos atrás, yo creo ahora con ello.” Palabras que suenan fuerte para quien cree en la tradición total dentro del arte. Pienso... ¡Si los más grandes artistas de Oriente han sido renovadores de su propio arte, que después se convirtió en tradición misma! Sí, pienso en Zeami que transformó el Teatro Noh de un arte plenamente religioso en un arte escénico, o en Mei Lanfang que buscó varios medios para modernizar la opera de Pekíny de hecho dió la pautas para que se diera una revolución en ese arte también. Es éste el tipo de arte escénico que más me atrae a través del mundo, aquél que usa sus raices y sus técnicas tradicionales, pero que responde a las necesidades personales y estéticas del artistas y de su época. En ese sentido, la historia de las diferentes revoluciones a través del tiempo en las artes escénicas de oriente, y algunas de occidente, son un capítulo aún abierto para estudiar, abordar y aprender. 

Escuchar esas palabras de Ziya sólo corroboró mi acertada decisión de haber atendido este taller; esas palabras eran mucho más valiosas que un mareo que me había hecho vomitar.

Entre las muchas confesiones de Ziya, fue que comenzó a girar por necesidad: a los 30 años se encontró sin trabajo, sin compañía, sin dinero, y con una petición de una coreografía de 10 minutos. Así que comenzó a pensar en ‘economía’ en todos sentidos, ‘en ahorro’ le llamaríamos nosotros; una linea de trabajo surgió en su mente y después de algunos intentos llegó a la experiencia del girar y ese girar le dió su coregrafía y su experiencia interior, a partir de ahí el girar le ha dado exitos personales y profesionales,... Una historia remarcable que sigue en proceso admite. Ziya Azazi tiene 41 años y el camino por recorrer en la danza giratoria contemporánea puede aún llevarlo a lugares insospechados.

                                                                                  
Girando durante el Taller de danza giratoria con Ziya Azazi (Toronto, 2011

¡Qué maravilla entonces despedirnos girando una vez más!  ¡Y vaya sorpresa!  Sin pensar de más en mi malestar físico pero sí en las palabras de Ziya, me decidí a girar nuevamente: lo hice por unos 20 minutos, no a gran velocidad pero pudiendo jugar con la falda y mis brazos, disfrutando también que en algún momento Ziya bailara con nosotros y nos dieran un punto de referencia práctico sobre el camino a seguir.

                                                                                 
Ziya Azazi participando durante la práctica en su taller (Toronto, 2011)

Sólo me queda ahora el ser espectador, el próximo miércoles 23 de febrero, de su coreografía y danza “Dervish in progress”, en la primera función programada del festival internacional de danza CanAsian. Por supuesto estaré ahí y trataré de transmitir mi experiencia como espectador y gente de teatro.

                                                                                  
Algunos de lo que participamos en este taller con Ziya Azazi (Toronto, 2011)

Links a videos tomados durante la práctica en el taller:



Ziya Azazi demostrando cómo trabajar con falda: http://vimeo.com/gustavothomas/ziyaazazicanasian2


Práctica de los giros con falda al final del taller: http://vimeo.com/gustavothomas/ziyaazazicanasianworkshop2

domingo, 20 de febrero de 2011

Taller de danza giratoria con Ziya Azazi: Primera sesión



La espiral es el movimiento de la vida y el universo, la espiral es un giro continuo de aquello que rige la vida, y nosotros, buscadores de las fuentes, los orígenes y la verdad de la vida hemos creado caminos para imitarla y para exponerla. La imitación de esos giros nos han llevado a estados alterados de nuestra percepción, hemos convertido ese movimiento en mística, unos cuantos, muy pocos en arte escénico como tal. Ziya Azazi es un bailarín que usa la danza giratoria de sus ancestros derviches turcos como un medio de su expresión artística y crea coreografías con esa técnica; yo he querido aprender de él.

Ziya Azazi durante el talle de danza giratoria en Toronto (2011-02-19)

Ziya Azazi fue invitado a participar en el Festival Internacional de Danza CanAsiático (CanAsian International Dance Festival) organizado por la bailarina de danza butoh Denise Fujiwara en Toronto, Canadá. Toronto se ha convertido, debido a su especial condición de ciudad de inmigrantes, en un cruce de caminos entre Oriente y Occidente,  este festival es sólo uno de tantos dedicados al encuentro de culturas en esta ciudad; pero lo que creo es más interesante del CanAsian, no por más organizado por una bailarina de danza butoh, es que los participantes se dedican a trabajar técnicas llenas de tradición pero con respuestas actuales a sus necesidades de expresión. 
El taller es llamado en inglés “Body economy and awarness through whirling instruction and concept” (Economía del cuerpo y sensibilización a través de la instrucción y conceptología del girar) y durará sólo dos sesiones, cada una de 4 horas. 
Hoy fue la primera de esas dos sesiones y estoy completamente revolucionado, en mi mente y en mi cuerpo. Pareciera que he descubierto algo nuevo en mí: lo menos, es que no sabía que yo tenía la capacidad de girar en un eje durante varios minutos, a diferentes velocidades, y sin caer exhausto o debido a la falta de equilibrio; pero lo más, es que he descubierto que mi mente y mi cuerpo pueden dialogar durante un movimiento extracotidiano, repetitivo, sin caer en conflicto entre ellos, y que puedo perder el miedo, estar atento y ante todo disfrutar girando al ritmo que me marca la música. 
Ziya es una persona amable y accesible, emana un enorme gusto por su trabajo, y hace todo lo posible en darse a comprender en un idioma que no es ni su materno (el turco) ni en el que trabaja en Austria (el alemán), así que por ese lado no hay problemas.
El grupo es tranquilo, abierto, todos ligados de una u otra manera al arte pero muy pocos directamente con la danza contemporánea; yo soy el único actor.
El espacio de trabajo dejó mucho que desear, era frío y ruidoso (Toronto actualmente está a -15 grados y una mala calefacción puede ser verdaderamente molesta), y se ha decidido cambiarlo para la sesión de mañana a otro estudio en otra parte de la ciudad; pero por este primer día se trabajó en él y se superaron las inconveniencias mucho debido a la grata experiencia de trabajar con Azazi.
Nuestra primera sesión tuvo una simple estructura, 3 fases (o niveles) ligados entre sí y que nos preparan mental y físicamente para el girar: estiramientos, desplazamientos con giros y el girar propiamente dicho.
Ziya dedicó mucho tiempo a exponer las bases del trabajo, o ‘reglas’ como él le llamó. Un continuo recordatorio sobre el enfrentar nuestras limitaciones con paciencia pero con claridad, dedicando especial atención a mantener la postura de la columna vertebral, una respiración fluida y definir los límites sea de un estiramiento, de un desplazamiento o de un giro, grabar ese límite como punto de referencia y buscar superarlo para la siguiente ocasión que se aborde. Nunca, si podría decirlo así, se abordó el trabajo como un trabajo de creación, si no de liberación, y en un punto de vista totalmente técnico.
Los estiramientos me resultaron de maravilla, porque de verdad los necesitaba. Un detalle que me pareció curioso e interesante fue la explicación por parte de Ziya que el concepto de estiramiento es una expansión y no sólo una extensión, pero teniendo la conciencia de que así como hay músculos que se estiran hay otros que se contraen; él  usó una metáfora sexual: hablaba de músculo femenino, de músculo masculino y de penetración; yo simplemente recordé ciertas indicaciones sobre estiramientos en el trabajo del taijiquan, como unos músculos inhalan y otros que exhalan, como unos que son yin (femeninos) y unos que son yang (masculinos) y que se complementan en el movimiento. 
Sin mayores pretensiones, los ejercicios de estiramiento se dieron como una serie de posiciones-ejercicios que, através de la dirección del guía y ‘el girarlos’, se convertían en una nueva experiencia: uno por ejemplo, sentado, estiraba las piernas y el tronco buscando sus limites, respirando y teniendo control de la columna vertebral, manteniéndola erguida o derecha; en algún momento ese estiramiento adquiría movimiento y se comenzaba a girar, entonces se inclinaba el cuerpo hacia la derecha y hacia la izquierda como en un inicial balanceo, pero al expandir el movimiento caía el cuerpo y debía de seguir el giro, manteniendo la expansión de los músculos; así lo fue con cada postura-ejercicio.  El estiramiento fue el que más tiempo utilizó de los 3 niveles de la sesión, usando junto con la teoría inicial algo así como dos horas.
Después vinieron los desplazamientos en espiral, primero desde el suelo y después en diferentes niveles hasta llegar a desplazarnos erguidos. No había una orden inicial de ‘seguir la música’, aunque parecía inevitable (la música sufi, del kechac balinés o de la danza tibetana es muy poderosa para marcar el movimiento), y en algún momento Ziya la asumía y nos pedía escucharla y encontrar, más que el ritmo, la velocidad. No habría que temerle al desplazamiento en giros o en espiral y sí adquirir la velocidad que marcaba la música.
Esta fue la primera vez en la sesión que sentí una especie de lucha dentro de mí: había un gusto por girar y desplazarme expandiendo mi cuerpo, pero había también un miedo de caer y de marearme, porque en un momento sentí perder el equilibrio y creí en la posibilidad de no estar en control de mi movimiento y golpear a alguna de las compañeras; pero nada pasó, apenas si mi mano chocó con otro cuerpo y nunca caí; pero fui consciente de ese miedo. Durante los comentarios Ziya simplemente aseguró, sin preguntarme si golpee a alguien o no (era obvio que yo no había caído o vomitado), que nada terrible podía haber pasado porque yo estaba siguiendo las reglas, porque la regla no era olvidarse y dejarse ir, si no que era expansión y control, así que el miedo desaparecería cuando descubres que no hay ningún problema en realidad.
En la preparación para la tercera y última parte, el girar en un eje, y ante las preguntas insistentes de los demás, volvió a abordar los puntos del miedo a la caída y al mareo, y fue más enfático -”¿Qué más puede pasar que precisamente te caigas o que vomites? Si caes, trata de bajar la velocidad y usa los ejercicios de la espiral para llegar al suelo, si vomitas, limpiamos. ¡No es para tanto!”-
La mayoría de las indicaciones para la tercera parte fueron preparaciones mentales para la sensación a venir durante ‘el girar’. Técnicamente habría que recordar el mantener erguida la columna y nunca perder de vista que ése es nuestro eje (hizo alusión a la imagen de un shawarma que, como la carne al pastor en México, tiene un centro metálico que nunca pierde y gira literalemente adherida a ese centro), mantener la respiración fluída pero consciente, y que la mirada no se detenga en ningun punto si no que se vaya con el movimiento. Habló por primera vez del diálogo entre el ‘jefe’ (el cerebro o la razón) y el cuerpo girando, y como si nosotros fuéramos en realidad el cuerpo, habríamos en todo momento de calmar al ‘jefe’ para decirle “no pierdes el equilibrio, la columna la tengo derecha” o “no hay mareo, todo va bien, tengo todo bajo control aquí”.
La experiencia del girar (whirling en inglés) con la música es verdaderamente inexplicable, porque ante todo, produce una sensación totalmente diferente, que ni es parecida a un juego mecánico ni es parecida a un mareo por un juego centrifugo entre niños: la gran diferencia está en la consciencia del movimiento y en el vacio que provoca para poder hacer “algo’ en ese momento o tal vez no hacer nada (en una experiencia mística por ejemplo). 
El ver que no caía, ni me fatigaba, y que, gracias a ese control de la columna y la respiración, superaba el desequilibrio, los cambios de postura de la cabeza, de brazos y la velocidad de mi giro, y que incluso en algún momento pude mantener una conversación con Zayi, me resultó verdaderamente sorprendente y único. 
Zayi se acercó mientras yo giraba y me dió instruccciones, me ayudó (o empujó los brazos) para adquirir velocidad e incluso llegó a tomar mi cadera que giraba como todo mi cuerpo y la movió en el mismo sentido del mis giros para darle mayor fuerza; como me desplazaba un tanto, es decir no manenía el eje perfectamente, me ordenó no dar los pasos hacia el exterior sino encontrados y así logré mayor mi control de mi eje (el pincho del Shawarma). 
Cuando descubrí que giraba a gran velocidad y que atendía mi cuerpo, pero que había una especie de espacio para llenar sentí una extraña alegría, como un vacío controlado.
¿Qué puedo hacer creativamente con esta experiencia? En este momento no tengo la menor idea, estoy aún envuelto en la experiencia física y mental de ello. Desde que volví a casa he revisado una y otra vez videos con Ziya Azazi bailando en sus coreografías así como de sufis danzando en sentido místico... y no lo sé aún; la experiencia individual es muy poderosa. Sólo una vez, en Estambúl hace 6 años, he tenido la oportunidad de ver una danza derviche en vivo y a Azazi lo veré hasta este miércoles, de los videos no puedo descubrir mucho aún sobre el aspecto artístico del girar. 
Tal vez el secreto del uso creativo del girar en un eje, está en ese vacío que se dió en algún momento durante mi ‘whirling’, ese vacío que partía del control de un movimiento y de la libertad que me ofrecía el haber calmado la razón y los miedos.

Ziya Azazi bailando en Austria (Foto de internet)


viernes, 18 de febrero de 2011

"La cara oculta de la luna" (La face cachée de la lune) de Robert Lepage, en el Gran Teatro de Québec.


El 10 de febrero de 2011 apenas llegando a la ciudad de Québec fui al Gran teatro de Québec a ver el montaje mítico de Robert Lepage "La face cachée de la lune" (La cara oculta de la luna) en la que pude corroborar que Lepage es un gran cuenta-cuentos y un gran director de escena; que sabe teatralmente el cómo abordar nuestra época y el cómo usar sus diferentes lenguajes.










Aquí un video sobre una presentación en el original en francés (como fue que la escuché)
Gustavo Thomas. Get yours at bighugelabs.com

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